ISSN: 1688 - 4302

//Culturales//
 

Cuando Daniel Hendler visitó nuestra Universidad ORT para promover su película “Norberto apenas tarde”,  las estudiantes de comunicación periodística Yessika Miglierina y Melissa Lewis asumieron la tarea de concretar una entrevista con el joven cineasta. El film generó también algunas reflexiones de nuestro editor Agustín Courtoisie. Aquí ofrecemos a nuestros lectores los textos resultantes: la entrevista  exclusiva para Letras  Internacionales y la reseña crítica.


CINE URUGUAYO:
HENDLER EN BUENA HORA
Yessika Miglierina y Melissa Lewis*

 

El sábado 27 de noviembre, Daniel Hendler fue distinguido con un Morosoli de Plata, en el  rubro “Imagen en movimiento”, otorgado por la Fundación “Lolita Rubial” de Minas, departamento de Lavalleja. Los premios Morosoli se cuentan entre los galardones más importantes del Uruguay, pero  Hendler no pudo concurrir porque en Buenos Aires su esposa estaba a punto de tener familia.

El exitoso actor y director uruguayo radicado en la Argentina, había visitado hace pocas semanas nuestra Universidad ORT, y  mantenido una distendida charla  con docentes y estudiantes de la Facultad de Comunicación.

Nosotras tuvimos la oportunidad de continuar el diálogo con el cineasta vía e-mail. La primera película de Hendler Norberto apenas tarde, exhibida hasta hace muy poco en la cartelera montevideana, y ciertas caracteristicas de la industria cinematográfica de la región, fueron los temas principales de la entrevista.

LI - ¿Por qué viviendo en Argentina recurriste a Uruguay para realizar tu película? ¿Allá no hay más recursos en todo sentido? 

DH - Empecé a escribir la película cuando vivía en Uruguay, y la historia la imaginé en Montevideo, con personajes que solo existen en Montevideo. Ese fue el motivo por el que la filmé en Uruguay. De todas formas hicimos la película en coproducción con Argentina, o sea que, aunque no estoy tan seguro de que haya más recursos en Argentina, los recursos fueron compartidos.

LI - En cuanto al nivel cinematográfico uruguayo, ¿tuviste alguna dificultad a la hora de producir tu película aquí?

DH - No. El nivel es algo muy relativo, pero de todas formas puedo asegurar que el nivel cinematográfico uruguayo está perfecto. De hecho muchos argentinos llaman a técnicos uruguayos para trabajar en sus películas. El equipo que yo elegí es mi "dream team"; es la gente con la que yo soñaba trabajar, más allá de su nacionalidad, y resultó ser un equipo bastante mixto, mezcla de uruguayos y argentinos.

LI - ¿Pensaste en un público determinado?

DH - Me pensé a mí como público. No es que hice la película para verla yo solo, sentado en una sala comiendo pop sin nadie más, sino que hice una película que yo mismo querría ver como espectador. Y, confiando en que no soy un espectador tan raro, pensé que probablemente muchos otros también disfrutarían de este tipo de película.

LI - ¿El cine de autor tiene un público determinado?

DH - Puede ser. Quizás, la línea que divide al cine de autor del otro cine (digamos, un cine más industrial o masivo), es que el cine de autor construye su propio lenguaje, y exige al espectador que lo procese, y que con su pensamiento complete la experiencia. El público del cine de autor sería, entonces, el público que no espera que se le den las cosas masticadas; el público que quiere que una película, de alguna manera, le aporte algo distinto.

LI - Con respecto al final de la película, que aquí por cierto no vamos a contar, ¿crees que Norberto logra “descubrirse” a través de todo un proceso o le  quedan cosas pendientes?

DH - Sí, creo que logra descubrirse, un poco. Por supuesto que le quedan cosas pendientes, si no solo le quedaría esperar la muerte. El final de la película, aunque no lo revelemos, se parece más a la vida -que continúa, que siempre es ambigua, que nunca es unívoca y del todo comprensible- que a un final de género cinematográfico donde el personaje y su conflicto quedan "resueltos".

LI - En la conferencia que diste en la Universidad ORT  nombraste más de una vez a Woody Allen como uno de tus referentes. ¿Por qué?

DH - No se porqué, pero admiro su sabiduría, no solo cinematográfica. Veo sus películas desde que tenía 15 años, y siento que, como muchos, lo he seguido en sus pensamientos, y he sido testigo de todos los diferentes caminos que ha tomado, aún cuando se considere que siempre es el mismo Woody Allen. O sea, me parece un genio.

LI - ¿Qué puntos en común sentís que tenés con Norberto? ¿Amaral es a Hendler como lo fue Kenneth Branagh  para Woody Allen en “Celebrity”, una especie de alter ego con tics y comportamientos similares?

DH - Ja. No. La actuación de Keneth Branagh me pareció malísima en esa película, terriblemente irritante, bucando siempre mostrar los hilos de su composición, una burda imitación. El caso de Fernando Amaral es bien distinto; aunque "Norberto apenas tarde" sea una simple peliculita y las de Woody Allen sean siempre -incluso las peores- obras maestras, la actuación de Fernando Amaral, a diferencia de la de Branagh,  me parece buenísima. Tiene algún punto de contacto conmigo, como todos los personajes de la película, que los escribí desde mi punto de vista. En el caso de Norberto, evidentemente, hay cosas más cercanas; por ejemplo, su tendencia a mentir y su intento por controlarlo, que en el caso de Norberto es tardío y difuso, y en mi caso es más activo.

LI - Titulás la película como “apenas tarde”, ¿no queda demostrado que al final nunca es demasiado tarde?

DH - Exacto. Esa es una linda lectura sobre el final. Mejor tarde que nunca.

LI - ¿Cómo ves a las universidades uruguayas donde se dicta la carrera de comunicación?

DH - No tengo mucho conocimiento. En una época fui profesor ayudante en la Universidad Católica en la cátedra de Artes escénicas de narración creativa, y me parecía que había un buen caldo de cultivo, o sea, alumnos inquietos y profesores entusiastas. Pero no tengo un conocimiento certero sobre las universidades actualmente.

 

*Licenciatura de Comunicación Periodística
Facultad de Comunicación – Universidad ORT


INTELIGENCIA EMOCIONAL
Agustín Courtoisie*


Quienes recuerdan al actor de 25 Watts (2001) y El abrazo partido (2004) tal vez ignoren la veintena de títulos cinematográficos restantes, y el largo periplo del uruguayo Daniel Hendler (1976) por el teatro y la TV, pese a su juventud. Pero con toda seguridad no se imaginan que Hendler es además el debutante director y guionista que supo narrar con soltura una buena historia, llena de sutilezas, como la involucrada en Norberto apenas tarde (2010).

Agustin Acevedo Kanopa (La diaria) ha apuntado algo que puede colaborar con nuestra visión del film y de la historia de Norberto (Fernando Amaral) un joven empleado mentiroso, casado, sin hijos, que se busca a sí mismo entre otras cosas asistiendo a  clases de teatro:

«En inglés, la película se llama
Norberto’s deadline (“El plazo de Norberto”), mientras que en francés (para el festival de Locarno, donde la película recibió numerosos elogios) recibe el nombre de algo así como “La decisión de Norberto”. Como detalle adicional, Hendler nos contaba que habían pensado como título alternativo en francés “Norberto déménage”, un término ambiguo que significa tanto “Norberto se muda” –en referencia a mudanzas y el servicio inmobiliario que adquiere protagonismo en el film- como “Norberto enloquece”. Tal polisemia, con cada uno de los títulos aportando una faceta o lectura sobre Norberto, sólo puede hablar sobre el carácter múltiple de una película engañosamente plana».

Reiteremos eso, para empezar con claridad: la película es “engañosamente plana” pero se encuentra a años luz de lo que muchos orientales todavía escépticos con el cine uruguayo esperarían encontrar.

Los lectores de Letras Internacionales saben que no hago crítica cinematográfica propiamente dicha, aunque me apasiona el cine. Debo aclararlo una vez más: yo vengo de la filosofía  y desde hace muchos años uso fragmentos cinematográficos en mis clases universitarias para ilustrar ideas psicológicas, políticas, psicosociales, etcétera.

Es decir, no  veo cine desde el punto de vista del crítico cinematográfico, o del cinéfilo, sino que lo uso como potente catalizador de ideas. Y Norberto... en el futuro me va a venir  como anillo al dedo para ilustrar muchas cosas en mis cursos: desde las ambigüedades morales y el uso civilizado (y acaso inexorable, en algún grado) de la mentira, hasta los códigos internos de un grupo, en este caso una "tribu" en particular (los "teatreros"), pasando por  muchas otras cosas.

En la charla con estudiantes que ofreció  en la Facultad de Comunicación de nuestra Universidad ORT, Hendler respondió con erudición inesperada (para algunos distraídos), por la extensión y la calidad erudita de los nombres que identificaban el tipo de cine que le gustaba ver: John Cassavetes, Abbas Kiarostami, Werner Herzog, Eric Rohmer… Sin embargo, el cine que hace Hendler con muchísimo talento me recuerda, antes que a su lista de autores favoritos, mucho  más al italiano (pese al nombre) Kim Rossi  Stuart, director y autor de Anche Libero Va Bene (2006), exhibida por estos lares como “Líbero”.

Ese dibujo psicológico de personajes, verosímil y profundo, esas situaciones humanas tan reconocibles  hoy en día, y hasta cierto parecido físico de Kim Rossi con Daniel Hendler, me surgen como ideas asociadas de modo inexorable, incluso sin enfatizar en el hecho de que también “Líbero” se trató de una opera prima para el italiano. En otras entrevistas Hendler ha declarado que también Nanni Moretti, el de Caro diario, se encuentra entre sus preferidos. Por allí sí se encuentra una sensibilidad análoga.

Por su parte, Norberto apenas tarde  permite apuntar en forma contundente a las decisiones vitales entre los 20 y los 30 y pico, a la poesía bohemia de los apartamentos donde muchos de nosotros hemos tenido que vivir, reflejando los  vaivenes de los trabajos precarios que cada uno supo o pudo ejercer en esos años de iniciación y educación sentimental.

Ante el film de Hendler, es imposible no conmoverse con el fiel relato de esas personalidades que vamos probando en la vida para poder cambiar o crecer, tan parecidas a las que ensayaba Norberto en el sótano húmedo de sus clases de teatro. Cada escena transita por cierto humor agridulce, se ha señalado, pero también debe decirse que siempre se respira cierta inteligencia emocional, sin obviedades, sin subrayado de moralejas.  Puede que Hendler en algún momento parezca tentado de  convertir el paso de comedia en otra cosa. Pero no lo necesita, o al fin y al cabo ello no ocurre.

Es  extraordinaria la verosimilitud de los tipos humanos que registra  Hendler, desde el potencial o por momentos explícito sadismo del jefe de la inmobiliaria (César Troncoso), que le palmea la cara a Norberto,  lo ningunea con sus comentarios y le da consejos, o el inefable profesor de teatro (Roberto Suárez), canchero y sutilmente autoritario,  hasta la inefable pareja de ancianos con su silla plegable, propietarios de uno de los apartamentos que muestra Norberto.

En suma, Norberto apenas tarde es una película que deberían ver los uruguayos escépticos, lo cual  casi es incurrir en una redundancia. A veces me pregunto si ya existe un público, de este lado del río, para finos apuntes psicológicos y existenciales de estas características. No quiero ni pensar qué le ocurriría a Moretti o a Kim Rossi si hubieran nacido por estas latitudes. 


* Profesor de Cultura y sociedad contemporánea
LI- FACS – Universidad ORT Uruguay



OTROS ENLACES DE INTERÉS SOBRE DANIEL HENDLER

http://www.comohacercine.com/articulo.php?id_art=636&id_cat=2

http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_121448_1.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Hendler

http://www.besijue.com/2010/11/entrevista-a-daniel-hendler-norberto-apenas-tarde/

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