"En nuestra época, una introducción al estudio de las relaciones internacionales es una introducción al arte y a la ciencia de la supervivencia de la humanidad".
Karl W. Deutsch: "The Analysis of International Relations"
 
Publicación del Departamento de Estudios Internacionales, Facultad de Administración y Ciencias Sociales
 
 

SE VIENEN LOS POLACOS

*Omer Gendler

A lo largo del Campeonato Europeo de fútbol, los ojos del mundo se ubicaron en Europa del Este, Polonia y Ucrania más precisamente, un lugar que por lo general no recibe demasiada atención (y cuando esto ocurre no suele ser una noticia positiva). Pero muy pronto uno de esos dos países ya no será un Estado marginal y sin importancia como lo fue hasta hoy, sino una verdadera potencia económica y regional. Un Estado que adquirirá dicho status gracias a un proceso natural que combina demografía, economía libre y geopolítica. Reciban a Polonia, la potencia económica que asoma en Europa.

Entre Oriente y Occidente

A lo largo de la Guerra Fría, Alemania Oriental era la línea de lucha de Estados Unidos y otros países occidentales en su oposición a la Unión Soviética. En su división, Alemania no sólo simbolizaba la lucha entre dos concepciones económicas que separan los bloques, sino también la línea donde caía “la cortina de hierro” y “el otro mundo” comenzaba. Debido a ello, el compromiso de Occidente con el éxito alemán fue total.

El colapso de la Unión Soviética y la expansión de la UE y la OTAN hacia el este, derivó en el pensamiento que se podría crear una Europa del Este distinta, e incluso en un futuro hasta Rusia llegaría a integrarse a la nueva Europa. Pero la transformación de la Federación de Rusia desde el año 2000 y el ascenso de Vladimir Putin al poder ha devuelto el tiempo hacia atrás, muy atrás. El nuevo enfoque de Rusia ha demostrado que el colapso de la Unión Soviética y el triunfo de Occidente no borraron la línea entre Oriente y Occidente, sino que sólo la trasladaron unos pasos hacia el este.

En un principio la sensación de Occidente era que Ucrania sería el símbolo de la nueva "Cortina de Hierro", el campo de juego donde se desarrollaría el “match del siglo XXI” entre la nueva y la vieja Europa. Pero el fracaso de las reformas en Ucrania, el colapso de la Revolución Naranja, el fin político de Viktor Yushchenko, y la victoria de los grupos pro-rusos (camino parecido al tomado por Bielorusia y Moldavia) han terminado por trazar el quiebre entre Oriente y Occidente en la frontera de Polonia Oriental.

Al darse cuenta en Estados Unidos que Polonia es el nuevo actor clave, se convirtió este último en el escenario de una caudalosa inversión estratégica. Modernas armas estadounidenses fluyeron rápidamente y convirtieron al ejército polaco en uno de los más avanzados tecnológicamente en el continente, así como el séptimo más grande. Polonia ha recompensado dicha ayuda generosa apoyando de forma automática cualquier aventura militar que los Estados Unidos decidieron tomar parte, desde Afganistán hasta Irak. (Libia es excepción dado que Francia e Inglaterra fueron los movilizadores, y con oposición alemana). No sorprende pues que los Estados Unidos hayan optado por colocar en Polonia su sistema de defensa antimisiles, cuando los expertos aseguran que no existía ninguna ventaja táctica en colocar el sistema en comparación con otros países. La elección por Polonia fue una declaración norteamericana hacia Rusia de que allí se trazaría la nueva línea y que los Estados Unidos se preocuparán porque esta tenga éxito.

Más aún, las relaciones entre Polonia y los Estados Unidos se han ido estrechando en muchas otras áreas, lo que han hecho de Polonia un aliado cercano al gigante americano. No en vano la denominó el presidente George W. Bush como “la nueva Europa", en oposición a aliados históricos como Francia y Alemania, y la destacó como la amiga más cercana en el continente europeo. Países que recibieron esas categorizaciones en el pasado supieron luego cosechar sus frutos en el largo plazo, basta con mirar donde estaban hace unas décadas países como Corea del Sur, Israel y Taiwán, y donde están hoy después de que Estados Unidos ha creado con ellos un vínculo especial.

Economía próspera, demografía estable y sociedad homogénea

Si bien la crisis de la UE se ha profundizado y cada vez son más los países que parecen incapaces de pagar sus deudas, la economía de Polonia está creciendo con el más rápido crecimiento en toda Europa. El año pico de 2009 de la crisis económica lo salvó con un aumento del 1,5% del PBI, en los 2010 y 2011 terminó con un promedio cercano al 4%, y las estimaciones para el 2012 marcan que será un año aún mejor, sin tener en cuenta los ingresos y la inversión en infraestructura provenientes del campeonato europeo. Asimismo, vienen teniendo lugar constantes reformas, que han convertido la economía polaca en una moderna y avanzada economía de mercado. Polonia también ha sabido mantener el equilibrio presupuestario, una deuda externa responsable y una disciplina económica que ha caracterizado a Alemania y los países nórdicos. De allí que no es de extrañar el crecimiento de la economía, la disminución constante del desempleo, el enorme flujo de inversiones y la mejora en la calidad de vida.

Polonia también disfruta de su situación geográfica. La frontera común con Alemania y Rusia, que en el pasado ha sido “el talón de Aquiles” del país" pues provocó la conquista y constantes divisiones del territorio, se convirtió hoy día en su mayor ventaja. La frontera común le permite a Polonia explotar los frutos del éxito económico de dichos países e impulsar la economía hacia adelante aún más. Basta ver la preparación de Polonia para la Eurocopa frente a la de su vecino Ucrania a fin de comprender el dramático cambio.

No sólo en la esfera económica los últimos años han sido buenos para Polonia. Europa sufre el bajo crecimiento demográfico debido a la baja tasa de natalidad y al aumento de la longevidad en la tercera edad, situación que obliga a la mayoría de los países a absorber inmigrantes para reactivar la economía. Polonia, por su parte, logró mantener un pequeño pero estable crecimiento de la población, sin necesitar de inmigrantes, manteniendo así una de las poblaciones más homogéneas en Europa y el mundo: las minorías suman alrededor de 800.000 personas (un pequeño porcentaje de la población de Polonia que llega ya a los 40 millones). El 97% comparte la pertenencia histórica a la nación polaca y el 91% la religión católica, liberando así a Polonia de los debates en curso sobre la cuestión de las identidades.

Jugando un papel cada vez mayor en el continente

Los líderes de Polonia entienden también el nuevo rol del sistema estatal europeo. Con posiciones similares a las de Alemania, Polonia se convirtió en uno de los países que promueven y fomentan una integración más amplia en el continente, mientras que varios de los países de la UE plantean hoy interrogantes sobre su futuro.

Asimismo, en momentos en que muchos países están considerando la posibilidad de retirarse de la zona del euro o reducir sus poderes, Polonia desea adoptar el euro como moneda local en unos pocos años. También en temas de seguridad postula una de las posiciones más agresivas en el continente, cuando hace tres años apoyó el ingreso de Georgia y Ucrania a la OTAN pese a las amenazas de Moscú, en total contraste con el resto de Europa.

La historia se repite

A quién le gusta aprender de la historia, este caso revela nuevamente que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Es verdad que en los últimos doscientos años hemos estado acostumbrados a ver en Polonia un país pequeño, poco importante en el panorama mundial, que se rindió rápido en la Segunda Guerra Mundial ante el “blitz” alemán y que luego de ella se convirtió en un títere de la Unión Soviética. Pero mirar la historia más lejana nos recuerda que hace aproximadamente 400 años, en la época de la unión polaca-lituana, se trataba de uno de los países más fuertes, ricos y estables en Europa Central y Oriental, manteniéndose con orgullo entre su vecino oriental, el Imperio Ruso y su vecino en el sur, el Imperio Otomano. Por lo que, en términos históricos, Polonia no estaría jugando necesariamente un nuevo papel, sino en cierta medida volviendo a su lugar histórico.

Claro está que el camino para convertirse en una potencia regional en Polonia es todavía largo. Pero cierto es también que la dirección es clara, y mientras  la UE, y Alemania en particular, estén dispuestos a acompañar y guiar a Polonia en su fortalecimiento, esta disfrutará de un crecimiento en su status de potencia. Quizás no esté lejos el tiempo en que no sólo se pregunte la gente que piensan los agentes en Berlín, París o Roma, sino que lo que piensen en Varsovia sea una cuestión igualmente importante.

*Estudiante del Master en Relaciones Internacionales
Universidad Hebrea de Jerusalén



 
     
 
 
     
 
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