Un grupo de estudiantes de Periodismo, bajo la conducción del docente Agustín Courtoisie, elaboró la obra literaria Mirar y pensar. Ocho ensayos sobre los medios, que resultó ganadora de uno de los fondos concursables para el Fomento Artístico y Cultural del Ministerio de Educación y Cultura. Los estudiantes que dieron vida al proyecto son: Marcela Dobal, Inés Iturbide, Matilde Martí, Andrea Martínez Cemerllian, Ana Pais, Rodrigo Ribeiro y Eleonor Wauquier.

Los diferentes ensayos presentan temas de debate muy actuales tales como los blogs, la historia nacional reciente, la entrevista del periodista Daniel Figares a Luis Alberto Lacalle, la manipulación emotiva en la televisión, el infoentretenimiento y el documental Deuda de Jorge Lanata. El trabajo también incluye un capítulo introductorio elaborado por Courtoisie. El fondo asignado es de $62.250 y la Dirección de Cultura del MEC lo destinará a la publicación del libro, su presentación, su difusión y su distribución a nivel nacional.

Los textos fueron concebidos en el marco de la materia Análisis de Productos Periodísticos que dicta el profesor Courtoisie en el quinto semestre de la Licenciatura en Comunicación Periodística. Según el docente, “la oportunidad se presentó en ese mismo curso a partir de la formulación de unas consignas muy abiertas para que trabajaran a partir de las herramientas conceptuales explicadas en clase”. Según expuso, cada propuesta era distinta y el marco de análisis era amplio. Courtoisie les dijo: “Apliquen los modelos de análisis pero siéntanse libres de interpretar según cualquier categoría que les parezca fecunda”. Ahí estaba la materia prima. “En adelante había que editar, cortar, suprimir y agregar; había que escribir una suerte de capítulo introductorio para que los lectores no académicos (o ajenos a mi enfoque teórico de ‘intervenir modelos’ y crear modelos propios para analizar productos periodísticos) pudiesen comprender los distintos ensayos”.

Sin embargo, para los escritores el tema no estaba tan claro: “Nos pareció una idea loca” o “no pensábamos que fuéramos a ganar”, fueron las primeras respuestas de los alumnos involucrados. El miedo mayor era el de presentar trabajos “a medio pelo”, como definió Ana Pais o “entregados a último momento”, según Andrea Martínez. Y Matilde Martí agregó: “Al momento de pensar en salir elegida lo que más me costó visualizar fue qué tan entendibles podían ser los trabajos en su totalidad. Se trataba de un jurado avalado por el Ministerio, al que le íbamos a enviar nuestros ensayos. El mío, por lo pronto, pecaba de atrevido”.

Las inseguridades reinaban, pero Courtoisie tenía fe en sus alumnos. “Uno es consciente de que tiene 20 años y piensa ¿qué voy a andar publicando un libro? Pero Agustín tenía mucha confianza en nuestros trabajos, y él era el profesor, y por algo eligió nuestros proyectos y tomó la decisión de presentarlos a los fondos”, comentó Martínez. La periodista, que además trabaja en la página web deluruguay.net, reflexionó también sobre el alcance de sus expresiones en el ensayo que publicará. “No son opiniones salidas de la nada, todo está bien fundamentado, pero la manera de expresarse es diferente frente a un profesor del que sabés que te entiende que frente a personas más ‘aptas’ que probablemente tienen 20 años más de vida y de carrera que uno”.

Pais comparte, en cierta medida, el mismo sentimiento: “Ahora estoy escribiendo un artículo sobre el tema del ensayo (los blogs) para el cual ya entrevisté a más de una docena de bloggers, y me doy cuenta de que lo que puse ahí no es ni el 10% del asunto”.

Para Courtoisie no fue fácil la decisión de incorporar algunos textos y otros no: “No entró todo lo que me gustaba. Otros estudiantes también hicieron trabajos valiosos, pero debí incluir todo lo que yo imaginé que podía ser editado y modificado en un tiempo razonablemente breve, y que podría resistir lecturas muy frías o ajenas a los desarrollos teóricos del curso”. También surgieron complicaciones como la definición de un título por parte de los ocho participantes, los trámites de derechos de autor en AGADU, las impresiones de las copias que deberían ser entregadas y “correr el último día para entregar el libro en la sede de la Dirección de Cultura”, relató el profesor. Courtoisie destaca el papel de la universidad en el desarrollo de este proyecto: “Describo su papel con dos atributos que valoramos solo cuando los perdemos: la libertad y el equilibrio reflexivo”.

“Creo que en concursos de gran alcance como éste uno nunca espera ganar”, reflexionó Marcela Dobal. El hecho, sin embargo, es que estos estudiantes obtuvieron el reconocimiento, y con más o menos esperanzas todos concuerdan en que enterarse de que estaban entre los ganadores “fue increíble”. “Lo primero que pensé fue que en realidad no estoy tan loca”, dijo Martí. “Si mi ensayo queda dentro de uno de los proyectos ganadores, quiere decir que mis ideas no son tan dementes como creía”. Martínez, por su parte, recordó que el momento en el que recibió la buena noticia “fue un momento inolvidable; generó un sentimiento de logro personal increíble, inconmensurable, ilimitado; no te cabe en el pecho”.

El docente responsable señaló que “es increíble que un grupo de veinteañeros haya contribuido a generar un producto que, cuando se lo mira en su conjunto, ofrece un abordaje original de objetos temáticos muy disímiles, y se luce por momentos con análisis muy finos de la oferta periodística”.

Como reflexión final, Courtoisie agregó: “Me llena de orgullo este resultado. Creo que Ana, Andrea, Eleonor, Inés, Marcela, Matilde y Rodrigo van a poder disfrutar más aún este logro cuando el libro se convierta en un objeto físico y se distribuya efectivamente por todo el país. Cuando vengan tiempos difíciles les va a reconfortar mucho recordar que empezaron temprano y empezaron bien: nada menos que con un reconocimiento del Ministerio de Educación y Cultura, que asignó fondos concursables en esta misma instancia a personalidades como José Rilla y Luis Bravo”.

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