Montevideo, Miércoles 4 de febrero de 2009 - 15 : 53 : 44

Centro de Actualización
en la Enseñanza Superior (CAES)


ARTÍCULO DEL MES

Construcción de sentido y significado:
Instrumentos de evaluación de los aprendizajes.

Mirtha Ricobaldi

Presentación

El concepto de evaluación es considerado en las teorías de referencia del campo como controversial e incluso ambiguo, constituyendo en términos de educación, un nudo gordiano que cuesta desatar dado que se encuentra en permanente debate.

Estas reflexiones pretenden, desde una descripción de los diferentes momentos sociales e históricos, presentar las concepciones de educación que impactan en la evaluación y por ende, en la construcción de sus instrumentos otorgándoles sentido y significado.

Antecedentes

Desde perspectivas históricas asociadas a contextos sociales delimitados que impactan en las diferentes corrientes didácticas pedagógicas, se pueden señalar, en grandes líneas, distintos procesos que abarcan las concepciones de evaluación.

En el siglo XIX se la visualiza como unidireccional, es la perspectiva tradicional asociada a la agenda clásica de la didáctica y a las concepciones positivistas de la enseñanza. En la misma, el docente, considerado el dueño del saber sabio, es el encargado de transmitir dicho conocimiento al alumno, quien es visualizado como “depósito” de los saberes aprendidos, según el concepto de “educación bancaria” de Paulo Freire (1971).

El encuadre contextual de referencia son sociedades homogéneas, con sustentos causales, socialización adaptativa, con prevalencia de lenguaje científico, basado en la experimentación, en desmedro del conocimiento cotidiano o vulgar.

Desde esta perspectiva, la evaluación se transforma en un instrumento cuantitativo, de medición, que a través de pruebas de comprobación da cuenta de la acumulación de conocimientos. Cuanto más fiel sea la reproducción del conocimiento en relación a las palabras del docente o a la repetición del texto de referencia, mejor evaluado será el alumno.

El gran desafío es construir instrumentos estandarizados que permitan medir a través de resultados - productos, la adquisición de lo necesario para constituirse en verdaderos ciudadanos, adaptados a los modelos sociales vigentes.

En este contexto. la evaluación es entendida como parte final del proceso de enseñanza y aprendizaje, da fe y certifica la acreditación de los acuerdos vigentes, “estigmatiza la ignorancia de algunos, para exaltar la excelencia de otros” (Perrenoud, 2008, pág. 8).

Otra perspectiva histórica se visualiza cuando en un proceso continuo y evolutivo, los modelos participativos promovieron encuadres interpretativos, comprensivos, desde construcciones fenomenológicas, limitadas por elementos simbólicos culturales. Su característica es la incorporación de cambios de borde, sin modificar en lo esencial la propuesta educativa, manteniendo las estructuras de poder y autoridad, sustentadas en las propuestas anteriores.

Desde esta perspectiva, la evaluación incorporó procesos participativos que favorecieron la interpretación y comprensión, con el fin de llegar a resultados más justos. Se abren espacios para la orientación, la guía, el consejo, en pos de la mejora de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, sin abandonar el sentido diferenciador y jerarquizante que sustentaba.

El contexto se torna protagonista, cada grupo se valoriza en sus peculiaridades, sin perder el fin último de la necesaria adaptación a los mandatos constitutivos, emergentes de los elementos simbólicos, construidos en los procesos interactivos, dentro de las lógicas racionales vigentes en cada sociedad y momento.

La acción evaluativa del docente, si bien se sostiene a partir de la participación del alumno, mantiene su carácter unidireccional, ya que sigue siendo él quien decide a partir de su planificación, así como el sentido y significado dado a su enseñanza.

En este proceso evolutivo se solapan las perspectivas positivistas con las participativas, abriendo el camino a las construcciones crítico - reflexivas, que se sustentan en cambios sociales que resquebrajan los principios sustentados en la modernidad y la agenda clásica.

Desde esta perspectiva histórica que se viene desarrollando hay otro quiebre interesante determinado por el impacto de la revolución tecnológica. Las estructuras sociales marcan diferencias a partir del cambio de rol de la mujer, el crecimiento de la pobreza y el emerger de la marginalidad. La educación deja de ser el instrumento homogeneizador democratizante, para reivindicar el respeto de las diferencias.

En términos freireanos, el docente se transforma en educador y educando en perspectivas intercambiables, siempre tiene algo que enseñar, pero a su vez tiene algo que aprender, sin renunciar a su responsabilidad de enseñante, pero asumiendo que no puede abarcar todo el saber tanto en su extensión como en su especificación. Es así que la educación se transforma en un instrumento emancipador, liberador, que se ofrece al educando en pos de su liberación.

Desde esta perspectiva se percibe a la evaluación como proceso intrínseco de la enseñanza, se la mira con “…intencionalidad, en relación con finalidades educativas cargadas de contenido ético, político y social y a la práctica como constitutiva”. (Maggio, 1998).

En este mismo sentido, realizando un paralelismo con el análisis de las prácticas docentes, Litwin, (2008) señala que las corrientes teóricas que sirvieron de soporte al análisis de la problemática de la enseñanza, a lo largo de cinco décadas se pueden caracterizar de tres maneras. Por un lado la agenda clásica, pone el acento en la planificación o en pensar la clase anticipadamente. En segundo lugar, ubica el énfasis en la reflexión y el análisis de la “clase acontecida”, así como en la valoración que implica dicho análisis desde un enfoque crítico, en “comunidades de práctica”. Por último la autora ubica otra corriente teórica que se caracteriza por estudiar la clase en lo que hace a lo espontáneo, a las intuiciones y a la conformación del saber práctico.

La evaluación, entendida tradicionalmente como instrumento de medición y control de los aprendizajes, en esta instancia, toma otra dimensión que la complejiza, pasa a ser educativa.

Sentido y Significado

Distintas dimensiones deben ser tomadas en cuenta en el momento de pensar la evaluación como son el contexto social, el sistema educativo, la filosofía institucional, los planes y programas vigentes, así como las concepciones del docente. “…todo esta conectado…no se puede mejorar la evaluación sin tocar el conjunto del sistema didáctico y del sistema escolar.” (Perrenoud, 2008)

Todas estas dimensiones se aúnan en el aula, lugar que pasa a ser considerado en las perspectivas dialógicas, donde lo simple encierra lo complejo y en procesos integrativos, donde orden, desorden, implican organización, al decir de Morin (1998).

El aula deja de ser un modelo de reproducción del sistema social, de lealtades, de socialización homogénea y selección, con parámetros de afinidad, como expresa Parsons, (1987) para transformarse en un recinto de diversidad y heterogeneidad, donde la incertidumbre, lo espontáneo, se vuelve constitutivo.

La evaluación propone construir modelos alternativos, flexibles, a partir de reconceptualizaciones que se expresan en la aplicación de estrategias de enseñanza que promueven las diferencias en pos de “la buena enseñanza” y el buen aprendizaje.

Los procesos de evaluación implican la expresión de criterios claros y acordados desde la validez y confiabilidad de los instrumentos. Es fundamental llegar a acuerdos, evitando quedar circunscriptos a la forma en que el docente entiende la disciplina.

No se puede obviar el protagonismo del docente en estas instancias, quizás el instrumento más importante en todo este proceso. Debe cimentar su credibilidad en base a confianza y respeto. La construcción del honor y prestigio social al decir weberiano, se construye a partir del principio irrenunciable del conocimiento de la asignatura y en la práctica cotidiana con su entrega y pasión por la tarea de enseñar.

Estrategias de evaluación

A lo largo de todo este proceso es permanente la búsqueda de estrategias de intervención didáctica que faciliten los procesos de enseñanza y aprendizaje, en pos de una mejor evaluación.

A modo de ejemplo podríamos señalar algunas de las estrategias utilizadas para favorecer las instancias de evaluación, entendida como proceso intrínsecamente vinculado a los principios constitutivos señalados anteriormente. Desde este lugar se rescata el rol de las preguntas en este proceso, revalorizando las interrogantes relacionales, de análisis, comparación y síntesis, evitando las que instan a la opinión, ya que no son evaluables.

Uno de los instrumentos más utilizado en los últimos tiempos hace referencia a la “enseñanza a partir de casos”, que pueden ser reales o creados ex profeso para el desarrollo de la clase. Se parte de la descripción de una situación o problema que se cristaliza en un caso concreto y acotado, generando preguntas que deben ser respondidas desde la fundamentación teórica. Algunos casos se transforman en “casos emblemáticos” ya que abren y cierran a partir del ejemplo.

Este instrumento permite el trabajo cooperativo, la observación de las múltiples miradas a partir de debates, promoviendo discusiones que facilitan el emerger de diferentes variables intervinientes.

Otra estrategia es la “aplicación del aprendizaje basado en problemas”, proveniente del campo de la Medicina, en donde el alumno se torna protagonista. Se parte de una situación problema y desde el diagnóstico de apertura, se solicita la intervención activa del estudiante, que se construye desde su conocimiento cotidiano, analítico y reflexivo, y en la que sus conocimientos previos, capital cultural al decir de Bourdieu, (1997) adquieren nueva significación. En una segunda instancia esos aportes deben ser sustentados y justificados desde la búsqueda de referentes teóricos que los respalden.

En ambos ejemplos el docente, en su función de evaluador, observa, toma registro, pero a su vez apoya, guía, a los efectos de construir conocimiento genuino, desde el respeto por las diferencias. Las devoluciones y correcciones impulsan la mejora alejando la sanción.

En estas instancias procesuales, y siguiendo con los ejemplos, la utilización del “portafolio” es otra de las estrategias que favorece la posibilidad de evaluar, a partir de la reconstrucción de los caminos transitados. Se solicita al alumno que incluya en una carpeta todos aquellos materiales que le facilitaron la adquisición de sus conocimientos. Los mismos pueden ser apuntes, esquemas, borradores, síntesis de lecturas o las referencias teóricas utilizadas, o la inclusión de las mejores producciones. En este modelo de evaluación se privilegia la observación de la variabilidad en los caminos de la creación del conocimiento, facilitando de esta forma la intervención del docente.

No se descartan como estrategias a utilizar los formularios construidos a partir de propuestas de “múltiple opción”, siempre y cuando se construyan para cada curso en particular y desde el sentido pedagógico - didáctico y de acuerdo al contenido y cometido del curso. Para la realización de este instrumento se requiere de experticia y habilidad para la redacción del instrumento a presentar.

A modo de conclusión

Los modelos vigentes hoy en materia de evaluación transitan por caminos constructivos y por tanto “… la evaluación dejará de ser un instrumento amenazante y se convertirá en un recurso para el perfeccionamiento.” (Rosales, 1990)

El sentido de los instrumentos de evaluación se constituye a partir de los procesos sociales e históricos que la fundamentan en los diferentes momentos y a partir de las distintas concepciones del enseñar y del aprender.

El significado se expresa a partir de las concepciones de la nueva agenda didáctica (Litwin, 2000), desde la perspectiva epistemológica, ética y moral que encierra el concepto de buena enseñanza, en la nueva agenda de la didáctica “…la palabra buena tiene tanto fuerza moral como epistemológica. Preguntar qué es buena enseñanza en el sentido moral equivale a preguntar qué acciones docentes pueden justificarse basándose en principios morales y son capaces de provocar acciones de principio por parte de los estudiantes…en el sentido epistemológico es preguntar si lo que se enseña es racionalmente justificable y en última instancia, digno de que el estudiante lo conozca, lo crea o lo entienda.” (Fenstermacher 1989, pág 158 en Camilloni 1996)

Los mejores instrumentos de evaluación son aquellos que construye el docente desde y para su caso emblemático en su curso específico.

La búsqueda de herramientas de evaluación formativa, abarcativa, válida y confiable, innovadora y creativa, en pos de lograr que los actores intervinientes en un proceso de evaluación se sientan cómodos y seguros, es pues el gran desafío al que se enfrentan los educadores hoy.

Bibliografía

Bourdieu, P. (1997) “Capital cultural, escuela y espacio social”. Madrid: Siglo XXI

Camilloni, A y otras (1998)”La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico contemporáneo”. Buenos Aires: Paidós

Camilloni, A. (1996) “Corrientes didácticas contemporáneas”. Madrid: Paidós

Feldman, D. (1999) “Ayudar a enseñar”. Buenos Aires: Aique

Freire, Paulo (1971) “Pedagogía del oprimido”. Montevideo: Tierra Nueva

Jackson, P. (1986) “Práctica de la enseñanza”. Buenos Aires: Amorrortu

Jackson, P. (1992) “Enseñanzas implícitas”. Buenos Aires: Amorrortu

Litwin, E. (2000) “Las configuraciones didácticas: una nueva agenda para la enseñanza superior”. Buenos Aires: Paidós

Litwin, (2002) “La evaluación: campo de controversias y paradojas o un nuevo lugar para la nueva enseñanza”. On line: www.segciencias.com.ar

Litwin (2008) “El oficio de enseñar. Condiciones y contexto”. Buenos Aires: Paidós

Lyons, N (1999) “El uso del portafolio”. Buenos Aires: Amorrortu

Maggio, M. (2000) “Algunas reflexiones en torno al conocimiento didáctico”
Revista de la educación Vol.IX, nº 17, marzo/2000

Morin, E. (1998) “Introducción al pensamiento complejo”. Barcelona: Gedisa

Parsons, T. (1987) “El aula como sistema social”. Madrid: Educación y sociedad

Perrenoud P. (2008) “La evaluación de los alumnos. De la producción a
la regulación de los aprendizajes. Entre dos lógicas”. Buenos Aires: Colihue

Rosales, C (1990) “Evaluar es reflexionar sobre la enseñanza”. Madrid: Narcea