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Centro de Actualización Los que trabajamos con Edith en el Instituto de Educación de la Universidad ORT compartimos una historia que la tuvo como principal protagonista en nuestra vida profesional. Desde mucho tiempo antes de conocerla tuvimos la necesidad de estudiarla a través de sus libros, artículos y conferencias, luego la vida nos dio la oportunidad de que fuera nuestra “maestra memorable”. Por último tuvimos el privilegio de trabajar con ella y así aprender de cada una de sus palabras, sus gestos, sus comentarios y hasta de su cultura, que naturalmente se manifestaba en ella, de mil maneras diferentes y en todas las instancias de encuentro. Muchas facetas de su personalidad y vida académica contribuyeron a que fuera nuestra “maestra memorable”. Recordamos algunas de ellas. Sus clases fueron únicas tanto por la manera de organizarlas como por la forma de darle vida al conocimiento y hacerlo comprensible. Tenía una particular manera de organizar la “enseñanza” en su aula, de hacerla auténtica, pues siempre salíamos de la clase con cambios sustanciales en nuestras cabezas, tanto sea por el contenido procesado, como por el creativo proceso metodológico desarrollado. Sus cierres de clase permanecerán por siempre en nuestras memorias. Con Edith en realidad aprendíamos siempre, tanto en los acuerdos como en las discrepancias, pues uno de sus principales objetivos era provocar dudas que nos ayudaran a cuestionar la realidad inmediata. Una característica que impresionaba de su cualidad profesionalidad y que le confería una gran autenticidad era su respeto y admiración por los docentes de todos los grados, niveles y sistemas, muy especialmente la emocionaban los maestros y las maestras que trabajaban en condiciones críticas de vulnerabilidad. Respetaba especialmente los conocimientos pedagógicos que podían surgir en ellos, como fruto de sus prácticas de enseñanza. Tal vez, el rasgo más visible de su personalidad fuera su sensibilidad y afectividad. Tenía un don especial para anticiparse al planteo de los problemas que naturalmente surgen en la docencia y un agudo sentido para detectar situaciones problemáticas sociales o afectivas en los que la rodeaban. Esta característica le permitía adelantar soluciones y brindar comprensión y apoyo. Esta veta afectiva fue la impronta más fuerte, en cuanto a la memorabilidad a la que se hizo acreedora. Por fin su sabiduría, su frontalidad indiscutible, su franqueza y sus bromas, que al estilo
de las inteligencias privilegiadas, nunca estaban exentas de astucia y fina ironía, todo ello vive entre
nosotros y pensamos que nos acompañarán por mucho tiempo. Por eso Edith, tus compañeros y compañeras del
Instituto de Educación te dicen hasta siempre.
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