Centro de Actualización Pensar la planificación Por M. Cristina Ravazzani Toda instancia de formación sistemática hace necesario contar con una guía de trabajo que oriente el proceso para llegar en forma eficaz a los resultados esperados. Un trabajo educativo bien pensado y organizado encuentra en la planificación un referente estupendo para pensar los cursos de acción, que de alguna manera hagan posible cumplir con las expectativas de los diferentes actores que se encuentran involucrados. Para toda persona que se dedique a la enseñanza la planificación es un tema que suscita diferentes sensaciones y actitudes. Podemos observar como mínimo dos posturas opuestas. Por un lado podemos encontrar muchos docentes con experiencia en la enseñanza que cuestionan la elaboración de su plan de trabajo, la mayoría de las veces, no es por ignorancia en el tema, sino que existe una cultura de negación que se manifiesta de variadas formas y en donde aparecen pretextos como falta de tiempo o de herramientas tecnológicas. En la mayoría de los casos se percibe un desencanto, acerca de las expectativas planteadas y los logros obtenidos y no son pocos sin duda, los que la tildan de actividad utópica, basándose en algunas experiencias en donde no ha habido una resolución feliz entre el tiempo y el esfuerzo dedicado y la concreción de las actividades previstas, provocando lógicamente desazón y desconfianza. Por otra parte y en oposición a la consideración anterior, también se observa con frecuencia, un celo muy grande en el cumplimiento de los planes realizados. En esos casos, la planificación más que ser un aliado del proceso, oficia como un “corsé” determinando que emergentes importantes, que pueden servir de intensa actividad de pensamiento e intercambio, se diluyan en el frenesí del cumplimiento de los tiempos y contenidos establecidos. También dentro de esta perspectiva están aquellos casos en que una planificación realizada con mucho esfuerzo y tal vez de la cual se obtuvo muy buen resultado, se la intenta transferir a clases y momentos diferentes, desconociendo así, el verdadero sentido de la planificación. Tanto los pretextos para evadir la planificación, como el celo excesivo por la misma, denuncian una necesidad de “pensar en la planificación” como una herramienta importante del proceso educativo, ya que en un análisis profundo de cada caso extremo, se encuentra una demanda implícita del docente, que tiene que ver con sus propias expectativas acerca del proceso de enseñanza que desarrolla en la clase. Nos referimos a la instrumentación del tiempo, al diseño y selección de actividades, a la propuesta de objetivos, que realmente expresen lo que el docente se propone lograr, así como a la selección de herramientas y recursos, que adecuen al tiempo y a los objetivos posibles. El binomio tiempo – realización atraviesa toda propuesta de planificación y se instala definitivamente en la preocupación del docente responsable. Por tanto la mayoría de las veces como docentes universitarios nos encontramos con un problema cuando al inicio de un año o de un ciclo, nos reclaman la planificación del curso, de los módulos o de las clases a desarrollar. La palabra planificación entonces y en muchas oportunidades resulta irritante y frecuentemente tratamos de evadir esta responsabilidad o realizarla lo más pronto posible. Lo que más preocupa de estas actitudes no es el “requisito administrativo” sino y especialmente la actitud que podríamos sintetizar en una falta de confianza en la herramienta de la planificación, para el desarrollo de la enseñanza. Si bien la planificación no lo es todo en el proceso de enseñanza, es una oportunidad única para “pensarla” desde la perspectiva del cuestionamiento de todos aquellos tópicos que se relacionan con ella. En este sentido no hay “recetas”, solo podemos abocarnos a la tarea de pensar juntos cuestiones del hacer docente, que pueden servir para disparar esa actividad de pensamiento, que es la que permite se articulen y relacionen de diversas formas, componentes estratégicos con ideas creativas, posibilitando luego un documento flexible y útil. A modo de ejemplo proponemos distintos grupos de preguntas que pueden servir de disparador, para que cada uno “piense” y “agregue” sus propias preocupaciones en torno a la planificación y sus objetivos.
Esta concepción de la planificación como actividad de pensamiento, podría proporcionar por un lado la dirección que deseamos darle al proceso, y por otro, diversas oportunidades para que esa dirección no quede “encapsulada”, pues su objetivo es facilitar la construcción de distintos escenarios posibles para el desarrollo cabal de contenidos, ideando también variedad de estrategias participativas, que no solo cumplan con la intención de dinamizar los procesos que se dan en el aula, sino que además, sirvan fehacientemente al cumplimiento de los objetivos del profesor/a en todas las dimensiones que se proponga abarcar, incluso la afectiva |
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