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Centro de Actualización Nuestros jóvenes tendrán un duro despertar. Entrevista a Zygmunt Bauman.
Hablando sobre la relación entre alumno y profesor, usted dijo en Barcelona que la comunicación y la desconfianza entre generaciones es más evidente en la era moderna. ¿Podría profundizar un poco más en este aspecto? Nuestros contemporáneos, a excepción de los más ancianos, pertenecen a tres generaciones sucesivas y diferenciadas. La primera es la de los boomers: los que nacieron entre 1946 y 1964, durante el boom de natalidad de la posguerra, cuando los soldados que habían regresado del frente y de los campos de prisioneros decidieron que era el momento de hacer planes para el futuro, casarse y traer hijos al mundo. Aún tenían vivos en la memoria los años de desempleo, pobreza y austeridad de antes de la guerra; recibieron con alegría la oferta de trabajo, súbitamente cuantiosa, como un regalo de la fortuna que podían ver arrebatado en cualquier momento, y trabajaron con ahínco, ahorrando céntimo a céntimo, para un caso de apuro y para proporcionar a sus hijos la posibilidad de una vida sin dificultades que ellos no habían conocido. Sus hijos, la Generación X, que ahora tienen entre 28 y 45 años, nacieron en un mundo diferente que el ahorro y las largas jornadas de trabajo de sus padres habían ayudado a forjar. Adoptaron la filosofía y la estrategia de vida paternas, aunque de mala gana, y con creciente impaciencia por ver y disfrutar la recompensa de su templanza y abnegación, ya que el mundo se enriquecía demasiado a su alrededor y las perspectivas de vida eran demasiado seguras; por esa razón a veces se la ha apodado, con cierto sarcasmo, la generación del yo. Y a continuación llegó la Generación Y, cuyos miembros, que tienen entre 11 y 28 años, son muy diferentes de sus padres y abuelos. El mundo en el que han nacido no lo conocieron de jóvenes sus padres, quienes por aquel entonces habrían encontrado difícil, sino directamente imposible ,imaginarlo, y al que más tarde dieron la bienvenida con una mezcla de perplejidad y desconfianza. Un mundo con empleo abundante, posibilidades aparentemente infinitas, multitud de ofertas de ocio a cual más tentadora y placeres a cual más atractivo. Un mundo en el que, tal como ha señalado, no hay gente a la que educar sino clientes a los que seducir. ¿Qué cosas les importan realmente? Sin aire para respirar no sobreviviríamos más de uno o dos minutos; pero si nos pidieran una lista de cosas que consideramos de primera necesidad, probablemente no figuraría en ella el aire, y si así fuera, no ocuparía un lugar destacado. Porque damos por hecho, sin pensar, que el aire está ahí y que no tenemos que hacer prácticamente nada para ingerir tanto como necesiten nuestros pulmones. Hasta hace unos meses, el trabajo (por lo menos en esta parte del mundo) venía a ser como el aire: al alcance de la mano siempre que fuera necesario; y, si por cualquier motivo llegaba a faltar (como el aire fresco en una sala llena de gente), un leve esfuerzo (como abrir la ventana) bastaba para devolver la situación a la normalidad. Por asombroso que les parezca a los boomers e incluso a los de la Generación X, no es sorprendente que el trabajo ocupe los últimos puestos de la lista de cosas indispensables que, según las últimas investigaciones, intentan componer los miembros de la Generación Y. Si se les presiona para justificar el olvido, contestan: “¿El trabajo?Es inevitable (de nuevo, como el aire para vivir) pero no hace que la vida valga la pena, sino más bien lo contrario: puede hacerla tediosa y poco apetecible. Puede resultar rutinario y aburrido: que no ocurra nada interesante, nada que despierte la imaginación o que estimule los sentidos. Ya que el trabajo proporciona pocas satisfacciones, en ningún caso debería ser un obstáculo para las cosas que de verdad importan”. ¿Y cuáles son las cosas que importan de verdad? Disponer de mucho tiempo fuera de la oficina, la tienda o la fábrica, tiempo libre siempre que surja algo interesante en otra parte, viajar, estar en lugares y con amigos de la propia elección: todas las cosas que ocurren fuera del lugar de trabajo… ¡La vida es otra cosa! Sea cual sea el proyecto de vida que los miembros de la Generación Y consideren y deseen, lo más probable es que no gire en torno al empleo y, sobre todo, que este no sea para siempre. Lo último que valorarían en una actividad laboral es la estabilidad.
Pero ahora todo eso está cambiando y la crisis actual puede llevar a esta generación al desempleo. ¿Qué ocurrirá? Si este es el tipo de filosofía y de estrategia de vida que distinguía a la Generación y de sus predecesoras, nuestros jóvenes tendrán un duro despertar. Los países más prósperos de Europa creen que el desempleo masivo regresará del olvido y de un exilio que parecía definitivo. Si se materializan las oscuras predicciones, las alternativas infinitas y la libertad de movimiento y de cambio que nuestros jóvenes han llegado a ver (o mejor dicho, estaban destinados a ver) como algo natural, pronto desaparecerán, junto con el crédito ostensiblemente ilimitado que esperaban que los mantuviera en caso de una adversidad (temporal y breve) y que les permitiera sobrevivir ante la ausencia (temporal y breve) de una solución inmediata y satisfactoria a sus problemas. Para los miembros de la Generación Y puede suponer una conmoción. A diferencia de la generación del boom, no tienen recuerdos de otros tiempos, aptitudes medio olvidadas ni estrategias en desuso a las que recurrir. El mundo de las realidades crudas e innegociables, de la escasez y la austeridad inevitable, de las situaciones problemáticas en las que desaparecer no es una solución, es un mundo totalmente desconocido para muchos de ellos; un país que nunca han visitado, o por lo menos donde no habían pensado establecerse, un país tan misterioso que haría falta un aprendizaje largo, difícil y en absoluto agradable para adaptarse a él. Queda por ver de qué manera la Generación y saldrá adelante de esa prueba… Hablando de esta generación, usted ha expuesto que el potencial interactivo de internet es idóneo para que puedan retener la capacidad de forjarse una nueva identidad. La preocupación por la identificación va quedando desplazada por la de la reidentificación. Laurie Ouellette, profesora de Estudios de la Comunicación y experta en telerrealidad de la Universidad de Minnesota, considera que actualmente hay más adolescentes que se sienten presionados para crearse una identidad más amplia, como hacen los famosos que ven representados en los medios de comunicación nacionales. Por identidad más amplia se entiende principalmente una mayor exposición: más gente que mira o que puede mirar (usuarios de banda ancha/ internet), más devotos de internet estimulados/excitados/divertidos por lo que han visto, lo bastante estimulados como para compartirlo con sus contactos (que, siguiendo las sugerencias de los sitios web de redes sociales, reciben el nombre de amigos). MySpace, Facebook, Second Life y los blogs que se multiplican como hongos son para la gente normal el equivalente a la revista ¡Hola! y a los innumerables templos menores de culto a la celebridad: una copia sin duda alguna inferior (puesto que ofrece una identidad más limitada), aunque de ella se espera que haga con los sueños de la gente normal lo mismo que ¡Hola! hace con la ambición de los héroes de sus reportajes. Para aquellos que desean ser los elegidos, los blogs son como una versión “kit de montaje” de supermercado de los originales que una tienda de alta costura ofrece a una minoría selecta. Es sabido que las posibilidades de abrirse camino hacia la visibilidad pública a través de la maraña de blogs personales sólo superan ligeramente a las que tiene una bola de nieve de sobrevivir en el infierno; pero también sabemos que las posibilidades de ganar la lotería sin comprar un billete son nulas. ¿Podemos culpar a los jóvenes de que se pasen la vida ajetreados persiguiendo una ilusión? Difícilmente. Son, como el resto de nosotros seres racionales que igual que sus predecesores (y probablemente que sus sucesores) hacen lo posible para responder a los retos sociales de la manera más razonable, efectiva y responsable y para trazar una estrategia de vida sensata a partir de las condiciones sociales en que esta se desarrolla. Ellos no han elegido (ni mucho menos establecido) esta condición “moderna líquida” en la que ninguna representación de uno mismo, aunque tenga un éxito inmediato,está asegurada a largo plazo; en la que lo que hoy es de rigor, está destinado a ser, mañana o pasado mañana, rancio y vergonzosamente anticuado, o incluso ininteligible. En otras palabras, una condición en la que mantener la propia representación actualizada es una tarea de veinticuatro horas diarias, los siete días de la semana. Argumenta que internet refleja y promueve muchos de los valores de la modernidad líquida, como el individualismo del consumidor. Pero ¿no cree que las TIC pueden fomentar el cambio social y la solidaridad? ¿Qué paralelismos pueden establecerse entre las comunidades y las redes sociales? Si las comunidades preceden (determinan, dirigen, forman) las acciones de sus miembros (y en
potencia sobreviven a ellas), las redes surgen de las iniciativas de personas conectadas en línea. Toda la fuerza que
puedan poseer las redes deriva únicamente de la intensidad de la comunicación virtual.Se vendrían abajo si la
comunicación se detuviera completamente Para los jóvenes, que han nacido en un mundo saturado de electrónica, “estar en contacto” significa ante todo intercambiar correos electrónicos y mensajes; una actividad que no exige esfuerzo, si la comparamos con el tiempo y la energía que se consumía cuando la información no podía viajar separada de los transportistas y el elaborado ritual de mantener el contacto, hacer visitas y escribir cartas requería una buena parte del tiempo, de la energía y de los recursos de las personas que lo practicaban. El volumen de la información producida para circular en la red crece exponencialmente y ha alcanzado ya unas proporciones inimaginables para la generación que creció en un mundo que carecía de dispositivos electrónicos de conexión (y desconexión) inmediata. Los expertos calculan que todo el lenguaje humano (todas las palabras pronunciadas por los humanos) desde el inicio de los tiempos ocuparía unos 5 exabytes (1 exabyte = 1.000 millones de gigabytes) si se hubiera guardado en formato digital; pero en 2006 el tráfico de correos electrónicos ya ascendía a 6 exabytes. Un estudio realizado por la consultora tecnológica IDC y patrocinado por la empresa de tecnología de la información EDC indica que los datos que se añaden anualmente al “universo digital” alcanzarán los 988 exabytes el año 2010… Los analistas de IDC calculan que un 70% de toda la información digital del mundo la producirán, por aquellas fechas, los “consumidores”, es decir, los usuarios normales de internet, predominantemente jóvenes, ya que la mayoría tienen menos de 30 años. Y no hay que olvidar que el 45% de los encuestados dice que busca comunidades virtuales “nicho” o centradas en un tema común de interés. Uno de los motivos principales de pertenecer a una red social es comunicarse virtualmente con personas afines. Como afirma un ávido buscador de esos grupos: “Mis comunidades deben tener intereses similares. Si no, es un diálogo de besugos”. ¿Se producen diásporas en el mundo virtual? Igual que en el mundo “fuera de línea” donde pasan el tiempo restante, el mundo virtual en que viven los jóvenes buscadores de comunidades cuando están conectados se convierte cada vez más en un mosaico de diásporas entrelazadas, aunque a diferencia del mundo “fuera de línea”, no están limitadas al territorio. Como las demás cosas del mundo virtual, las líneas divisorias entre las personas de intereses afines se trazan digitalmente, y al igual que todas las entidades trazadas así, su supervivencia está sujeta al juego de la conexión y la desconexión. En el mundo virtual habitado por los jóvenes, los límites se trazany se modifican para separar a los que tienen intereses similares del resto, es decir, de los que centran su atención en otros objetos. Las vicisitudes de las comunidades virtuales tienden a seguir los meandros de los intereses, que suelen ser cambiantes y pasajeros, con explosiones e implosiones intermitentes. Los intereses requieren distintos grados de atención y de lealtad, pero no deben ser mutuamente excluyentes. Se puede pertenecer al mismo tiempo a distintas comunidades virtuales cuyos miembros no se reconocerían necesariamente como afines y que probablemente rechazarían el diálogo entre distintas comunidades por considerarlo un diálogo de besugos. Pertenecer a una comunidad virtual se reduce a hacer intercambios en torno al tema de interés (actual) que se tiene en común; otras comunicaciones, centradas en diferentes temas de interés, requieren otras comunidades nicho para que puedan conducirse de una manera significativa. Paradójicamente, el aumento de la variedad de oportunidades para encontrar rápidamente personas afines disponibles en cada uno de los ámbitos de interés, disminuye y empobrece, en lugar de aumentar y enriquecer, las habilidades sociales de los que buscan comunidades virtuales. En el mundo fuera de línea, una conversación que resulte un diálogo de besugos puede ser inevitable, si unas personas que no tienen nada en común se ven obligadas a compartir el mismo espacio; en el mundo en línea, las interpretaciones, las negociaciones y los compromisos embarazosos se pueden evitar gracias a la virtud benefactora de la tecla de suprimir. La necesidad de participar en un diálogo, de ponderar las razones de los demás, de analizar y revisar críticamente las propias y de buscar un “modus covivendi”, puede quedar, pues, suspendida y postergada, quién sabe si indefinidamente. Fuente: http://walkin.uoc.edu/pdfs/walkin02Bauman.pdf
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