Discursos en ceremonias académicas

Segunda ceremonia anual de graduación 2016, 29/8/2016

Versión editada del discurso del rector de la Universidad ORT Uruguay, Dr. Jorge Grünberg, durante la ceremonia de graduación.

English version

Señora directora general de ORT Uruguay, señor vicerrector, señores decanos, autoridades nacionales y de instituciones amigas, autoridades y académicos de nuestra universidad, señores amigos de ORT, queridos graduados y sus familias. Bienvenidos a este día tan importante para todos nosotros.

Queridas familias, hemos hecho nuestro mejor esfuerzo para preparar a sus hijos y nietos para el futuro. Esperamos haber cumplido. Queridos graduados, los felicito por su graduación. La educación es siempre un emprendimiento conjunto entre educadores y alumnos. Los educadores aportamos hasta donde podemos nuestro conocimiento y experiencia. Los alumnos deben aportar su deseo de aprender, su dedicación, su resiliencia frente a los inevitables desvíos y frustraciones. Ustedes han cumplido, pueden estar orgullosos.

Su graduación es una de las luces de este año que lamentablemente ha tenido momentos trágicos. Este año Uruguay tuvo su primer asesinato racista en décadas. El Sr. David Fremd fue asesinado y su asesino declaró como único motivo el antisemitismo. David Fremd no fue el único uruguayo asesinado este año. Su muerte no duele ni más ni menos que las de otros. Pero fue el único asesinado por motivos racistas, y el siglo XX nos enseñó que la violencia racista tiene consecuencias trágicas de las que nadie está libre. El asesino había publicado sus ideas racistas y sus amenazas y las había compartido con colegas y vecinos. La indiferencia y la pasividad de todos nosotros permitieron que este crimen anunciado se perpetrara. Esperamos que la solidaria actitud del pueblo de Paysandú, luego del asesinato, sea la que nos guíe en el futuro.

En el próximo año ORT cumplirá 75 años formando uruguayos. Desde nuestra fundación en 1942 hemos buscado ayudar a la difusión de la educación y la tecnología en nuestro país. Hemos buscado acercar el mundo al Uruguay y hemos buscado acercar Uruguay al mundo a través de nuevas carreras, nuevas tecnologías y nuevos métodos de enseñanza. Desde nuestra fundación nos impulsa una misión que permanece incambiada, expandir las oportunidades educativas de los uruguayos. Nuestra misión es ayudarles a descubrir qué hay en el mundo para ustedes y qué tienen ustedes para aportar al mundo.

ORT es una institución judía abierta para todos. Como todos los pueblos y religiones, el judaísmo ha hecho contribuciones a la humanidad. Muchos opinan que las obras y acciones de Freud, de Marx, de Einstein o de Jesús, son las mayores contribuciones del judaísmo a la humanidad. Y sin duda sus obras y las de muchos otros fueron trascendentes. Pero en mi opinión, la contribución más importante del judaísmo fue la sacralización de la educación.

Previamente al judaísmo, y en algunos casos posteriormente, la educación existía subordinada y al servicio de la fe. La educación era reservada solo a los poderosos. El judaísmo introdujo hace 27 siglos principios revolucionarios para la época como la educación universal, el mandato imperativo de enseñar y la exigencia de aprender. En el judaísmo el aprendizaje tiene precedencia sobre casi todas las otras obligaciones. La escuela es más importante que la sinagoga. Enseñar a los hijos tiene la misma prioridad que alimentarlos o abrigarlos.

El judaísmo concibe la educación como un precursor de la libertad, porque solo una ciudadanía educada puede ser realmente libre. La ignorancia es la peor forma de dependencia. Solo ciudadanos educados pueden distinguir entre artistas y propagandistas, entre periodistas y sicofantes, entre visionarios y demagogos.

Queridos graduados, les espera un nuevo mundo. Un mundo donde la riqueza surge del conocimiento y la creatividad. La conectividad global, la digitalización, las nuevas formas de automatización de la inteligencia, les permitirán crear, diseñar, producir en Uruguay, en colaboración con otros en todo el mundo. Su generación es de las primeras que tendrán las oportunidades y las amenazas de un mundo sin geografía y sin distancias.

Este nuevo mundo les ofrecerá más oportunidades que nunca antes, pero al mismo tiempo tendrán que correr una carrera continua entre educación y tecnología. En un mundo en donde cada vez más tareas serán realizadas por robots, para no ser sustituidos por máquinas, ustedes tendrán que preguntarse siempre qué es lo que los hace humanos. Ya no será tan importante qué es lo que saben, sino qué saben hacer con lo que saben.

Queridos graduados, hoy están en esta ceremonia por los méritos del pasado, es decir por los años de estudio que invirtieron en su educación. Pero este día no debe ser solo de reconocimiento del pasado sino de su responsabilidad por el futuro. La responsabilidad por su futuro personal, su carrera profesional, su capacidad de devolver a su familia y a todos los que creyeron en ustedes, su disposición a compartir con la sociedad los frutos de su conocimiento.

Lamentablemente no existen mapas para recorrer el futuro. Su brújula tendrá que ser su conciencia, su voz interior. En este nuevo mundo en el cual la tecnología abre todos los días nuevas oportunidades, a veces es difícil entender por qué hay cosas que queremos hacer, qué podemos hacer, pero que no debemos hacer porque son injustas o perjudiciales para el prójimo. En este mundo en constante cambio todos necesitamos un marco de referencia moral que nos ayude a enfrentar nuestros temores, a controlar nuestras tentaciones, a respetar a nuestros interlocutores, a pensar en las consecuencias de nuestros actos.

Los valores serán su ancla de estabilidad en el mundo turbulento que los espera. Debemos insistir en integrar sistemáticamente la ética en nuestras vidas personales, en la actividad profesional y en la vida pública. La ética de nuestros líderes es la que nosotros decidamos exigirles.

La demagogia, la incoherencia, la improvisación deben ser condenadas, no aplaudidas ni toleradas. Las decisiones de los líderes deben apuntar a lo que es mejor para el país, no a lo que es peor para el adversario. Recuerden a nuestros líderes que en una sociedad justa los beneficios se deben distribuir por la justicia de los reclamos, no por el poder de los reclamantes.

Siempre estén dispuestos a cambiar, su capacidad de adaptación será más importante que su erudición. Recuerden siempre que nuestros éxitos nunca son solamente nuestro mérito exclusivo, y por lo tanto tenemos que estar dispuestos a compartir las recompensas. Recuerden siempre que una sociedad es juzgada por la manera que tiene de tratar a los más débiles.

Sean exigentes consigo mismos, porque es un prerrequisito para poder exigir a los demás. Dialoguen siempre para entender, para proponer no para imponer. No se puede hablar si no se sabe escuchar. Recuerden que hablar bien es una destreza, pero escuchar bien es una actitud.

Miren y escuchen a su alrededor. Eviten vivir en cámaras de eco en la cual solo lean o escuchen las opiniones de los que están de acuerdo con ustedes. Eviten vivir en sistemas intelectuales monofónicos en las cuales no ingresan ideas nuevas, no es posible el diálogo, los preconceptos se calcifican y las opiniones se vuelven inmunes a los hechos. El incentivo en estos grupos no es actuar bien, en el sentido kantiano, es evitar la censura del grupo. La conciencia individual en estos grupos cerrados termina subordinada a las normas grupales en una suerte de tercerización de la conciencia individual.

Elijan siempre desafíos grandes que los obliguen a crecer. No le tengan miedo a sus fantasías, no le tengan miedo a los sueños. En los sueños intuimos nuestras posibilidades. No le tengan miedo a tener éxito. Una sociedad sin destacados no puede progresar.

Exijan sus derechos ciudadanos. Los ciudadanos tenemos legítimas obligaciones por vivir en sociedad. Pero la vida en sociedad se basa en la reciprocidad de derechos y obligaciones. El Estado contrae obligaciones que son los derechos de los ciudadanos y está obligado a cumplirlas. Pero nuestra sociedad tolera los incumplimientos del Estado como si fueran rezos no correspondidos en lugar de obligaciones legales y responsabilidades políticas. Tenemos derecho como ciudadanos a calles seguras, aire limpio, agua potable, escuelas que enseñan, correo entregado en tiempo y forma, y todo lo demás que requiere una vida digna y productiva en una sociedad moderna. Exigir el cumplimiento de las obligaciones del Estado será parte de su aporte ciudadano a una sociedad moderna y competitiva.

Nuestro drama, que esperemos que no se transforme en tragedia, es que parte de nuestros líderes quieren vivir en el siglo pasado y otra parte sabe que no es posible. Hoy en día nuestra libertad está en riesgo, porque una sociedad libre debe ser una sociedad educada y ese es el capital que estamos amortizando desde hace décadas sin hacer nuevas inversiones. No me refiero a inversiones económicas que son condición necesaria pero no suficiente para la mejora educativa. Me refiero a inversiones políticas, a inversiones culturales que permitan pensar diferente que en el pasado. Atreverse a contradecir a las corporaciones que se autopreservan, a tener la humildad de inspirarse en lo que hacen otros países.

Me refiero al coraje moral necesario para creer que la mejora educativa no es un juego de suma cero. Los aportes que hace la educación privada no son en detrimento de la pública ni viceversa. Creer que la distinción importante de la educación no es entre pública o privada, sino entre excelencia y mediocridad, entre accesibilidad y exclusión.

En la sociedad del conocimiento que nos toca vivir, incumplir con brindar educación a los ciudadanos, es el equivalente moral de la omisión de asistencia. En la sociedad del conocimiento, lo contrario de la educación es la exclusión. Si no mejoramos nuestra educación no van a alcanzar los centros de reclusión, no van a alcanzar las asistencias estatales para brindar contención a la cantidad de jóvenes que no podrán educarse en tiempo y forma para participar de la carrera entre educación y tecnología.

Nuestros líderes parecen desconcertados por la sociedad del conocimiento, en la cual el Estado ya no es omnipotente. La búsqueda de petróleo o de megainversiones extranjeras son positivas, pero no pueden ser maniobras evasivas para dar ilusión de movimiento. No pueden sustituir los cambios inevitables que debemos realizar para buscar nuestro lugar en el mundo.

Adaptarnos a este nuevo mundo va a requerir cambios mucho más rápidos y profundos que los que estamos acostumbrados. Hasta ahora hemos cambiado solo dentro del perímetro permitido por la corrección política.

Hemos podido autorizar la venta de droga, el matrimonio homosexual, el aborto. Pero no hemos podido discutir racionalmente asuntos mucho menos complejos pero que se apartan de la ortodoxia como tratados comerciales con países latinoamericanos o el funcionamiento formal de empresas tecnológicas como Uber.

No hemos podido consensuar alternativas, revisar los memes ideológicos del pasado. Los partidos políticos se están mirando a sí mismos en lugar de mirar el futuro. Sean del partido que sean, estimulen a sus representantes a mirar el futuro de frente. El mundo no se va a adaptar a nosotros, nosotros tendremos que adaptarnos a este nuevo mundo y hacerlo rápido. Este es el trabajo más importante que tenemos por delante, conformar una voluntad colectiva de cambiar lo que parece incambiable.

Queridos graduados, gracias por estar hoy aquí con sus familias. Gracias nuevamente por todo lo que nos enseñaron en estos años. Uruguay los necesita. Triunfen desde Uruguay, hagan triunfar a su país. Busquen su propio camino, sigan su propio camino, pero sepan que ORT siempre será su casa.

Muchas gracias.