Discursos en ceremonias académicas

Segunda ceremonia anual de graduación 2017, 31/8/2017

Versión editada del discurso del rector de la Universidad ORT Uruguay, Dr. Jorge Grünberg, durante la ceremonia de graduación.

Señora Directora General de ORT Uruguay, señores decanos, autoridades nacionales y de instituciones amigas, miembros de nuestra universidad, señores Amigos de ORT.

Queridos graduados y sus familias, nos alegra recibirlos en este día tan especial. La educación universitaria es un desafío que exige dedicación, talento y resiliencia. El esfuerzo parece a veces mayor al que podemos enfrentar. Los tiempos no alcanzan. En ocasiones tenemos circunstancias personales que nos agobian. Los resultados no siempre son los que esperamos. Estas son experiencias inevitables en la vida universitaria y en la vida profesional. Son experiencias que no pueden evitar, pero las pueden enfrentar y más que nada, las pueden superar. Todos ustedes que están aquí hoy han cumplido, pueden estar orgullosos.

La educación universitaria es una de las experiencias más transformadoras en la vida. A la universidad ingresa una persona pero sale otra. Ingresa un adolescente y sale un adulto. Ingresa un estudiante y sale un profesional. Nuestra misión es acompañarlos y apoyarlos en este proceso transformador. Esperamos haber cumplido. Esperamos haberlos sabido apoyar y orientar cuando lo necesitaron. Esperamos haberlos sabido estimular a superarse, a brindar lo mejor de ustedes.

Queridas familias, gracias por apoyar a sus hijos y a sus nietos en esta aventura de prepararse para el futuro. Compartimos su orgullo por el éxito alcanzado por sus hijos y nietos.

ORT Uruguay cumple próximamente 75 años. Hemos cambiado mucho a lo largo de nuestra historia, pero nuestra misión y nuestro espíritu permanecen incambiados. Nuestra misión es aportar al desarrollo de nuestro país a través de la educación. Nuestra convicción es que la educación es la única vía para que las personas puedan vivir vidas dignas y autónomas.

ORT es una historia de constante renovación. Cuando hace 75 años un grupo de uruguayos fundó ORT en nuestro país, las últimas escuelas que quedaban de ORT en Europa estaban siendo cerradas por los ocupantes alemanes y sus colaboradores locales. En unos pocos meses, en 1942-1943, fueron cerradas escuelas de ORT que existían desde hacía décadas en Berlín, París, Varsovia, Vilna, Kovno y muchas otras ciudades. Sus alumnos, docentes y directores deportados, la mayor parte para no volver. Hace 75 años nuestra Directora General estaba escondida de las mismas personas en Lyon. Pero mientras ORT era cerrada en algunos países, renacía en otros como en Uruguay, en Argentina, en Brasil y en Chile y en Perú y en México.

Hoy estamos orgullosos de lo realizado en estos 75 años, pero fieles al espíritu de ORT, más nos ocupa lo que haremos en los años por venir que lo que hemos logrado hacer hasta ahora.

Como saben, ORT es una institución judía abierta para todos. Muchas culturas y religiones han aportado a nuestra civilización. En mi opinión una de las contribuciones más importantes del judaísmo fue la idea rupturista para su época, de una sociedad sin jerarquías de nacimiento. En el pensamiento helenístico, por ejemplo Aristóteles, existe la idea de que algunos nacen para gobernar y otros para ser gobernados.

El judaísmo innovó en la antigüedad con su idea de una sociedad sin castas. Y la base de esta concepción fue la educación obligatoria y dialógica. En el judaísmo la escuela es más importante que la sinagoga y enseñar a los hijos es tan importante como alimentarlos o abrigarlos. En el judaísmo la sustancia del aprendizaje no es la obediencia sino el cuestionamiento; el motor del aprendizaje son las preguntas, no son las repuestas. Como dice el dicho talmúdico: “mucha sabiduría he aprendido de mi maestro, pero más aprendí de mis colegas y todavía más de mis estudiantes”. Por eso los alumnos respetan a sus maestros cuando cuestionan sus ideas, no cuando las aceptan pasivamente.

Queridos graduados, en la graduación culmina un ciclo y comienza otro. Comienza su búsqueda del futuro. Todos ustedes buscarán el éxito, cada uno con su definición. No le teman a sus ambiciones. No condenen los éxitos de los demás si son obtenidos de buena fe. Una sociedad sin destacados no puede progresar. Pero asegúrense siempre de que su idea del éxito es genuinamente suya. Asegúrense que son ustedes los reales autores de sus ambiciones. A veces sin darnos cuenta encarnamos las ambiciones de otros y no las que íntimamente nos mueven y conmueven. Entender qué nos hará felices en la vida es uno de los mayores desafíos humanos y cada uno debe tener su propia respuesta.

Busquen su camino con humildad. No debe haber vanidad en el conocimiento pero tampoco debe haber orgullo en la ignorancia. Por más que hayan estudiado, recuerden siempre que solo conocen y comprenden una pequeña fracción de la realidad.

Cuídense de las utopías que prometen la perfección moral. Prometer la perfección es no prometer nada, porque lo perfecto no puede ser humano y lo humano no puede ser perfecto. Prometer lo irrealizable es inmoral. Si las promesas no son realizables son promesas vacías y si no son realizadas, son promesas incumplidas.

Busquen propósitos en sus vidas para que sean plenas. Busquen su camino personal pero no pierdan de vista que son miembros de una sociedad. Parafraseando a Jonathan Sacks, recuerden que una sociedad es más fuerte cuando apoya a los más débiles, es más rica cuando apoya a los más pobres y es invulnerable cuando protege a los más vulnerables.

Hagan valer su derecho a formular sus propias opiniones. El mayor riesgo de la democracia no son los extremistas, son los que no tienen opiniones. Sin opiniones no hay diálogo, sin diálogo no hay comunidad. Vaclav Havel decía que el mayor triunfo del totalitarismo no es evitar que las personas opinen sino quitarles su voluntad de tener opiniones.

Elijan siempre desafíos grandes que los obliguen a crecer. No le teman a los errores, no hay riesgo sin error y no hay progreso sin riesgo. Sean exigentes con ustedes mismos porque es un prerrequisito para poder exigir a los demás.

Rechacen la “lógica alternativa” que está contaminando el diálogo en nuestro país así como en otros. Una democracia solo puede prosperar si las decisiones se toman en base a la verdad. La “lógica alternativa” o “el relato”, es una manipulación elaborada para presentar las acciones del narrador como actos heroicos y las de los demás como actos diabólicos. Por eso en la “lógica alternativa” el pasado no es histórico sino mitológico, y por eso los caudillos no son personas que deben rendir cuentas, sino profetas infalibles. En “el relato” es inconcebible que el caudillo se equivoque. Si mienten, en realidad están diciendo una “verdad diferente”. Si malversan dinero público, en realidad buscaban la justicia social. Si sus políticas fracasan, en realidad eran “con buena intención”.

Los uruguayos hemos permitido por demasiado tiempo que la “lógica alternativa” nos divida, nos enfrente y nos bloquee. Es tiempo de cambiar y ustedes como nueva generación y como los más educados de la sociedad tienen una especial responsabilidad. Exijamos a nuestro líderes honestidad intelectual y empecemos a dialogar entre todos los uruguayos.

En este año no podemos evitar preguntarnos: ¿cuál es el sentido de la historia? En nuestra época coexisten la progresión tecnológica y la regresión moral, y ese es el desafío de su generación. El cambio de siglo nos llenó de expectativas de un mundo mejor. Pensamos que un mundo tecnificado y globalizado sería un mundo más pacífico. Pensamos que si la gente se conocía mejor, se respetaría más y se agredería menos.

El progreso tecnológico continúa a gran velocidad pero al mismo tiempo la moralidad de la conducta humana parece estar involucionando. ¿Quién se hubiera imaginado los eventos de Charlottesville? Asistimos a desfiles de banderas nazis en el país que derrotó al nazismo y una aparente dificultad para condenarlo por parte de sus máximos líderes nacionales. ¿Quién se hubiera imaginado el Parlamento de Venezuela reemplazado por un Consejo de Estado igual que pasó en nuestro país? Pensamos que acciones como éstas ya no tenían lugar en América Latina. ¿Quién se hubiera imaginado que el presidente de Siria bombardearía con gas a su propia población 100 años después de la Primera Guerra Mundial?

Su generación tendrá que enfrentar esta divergencia entre el progreso tecnológico y la regresión moral. Es inevitable que lo hagan porque tecnologías cada vez más potentes en manos de personas cada vez más inmorales, conducen a escenarios distópicos.

Queridos graduados, les espera un nuevo mundo, un mundo donde la riqueza surge del conocimiento y la creatividad. En este nuevo mundo tendrán que correr una carrera continua entre educación y tecnología, tendrán que aprender a aprender continuamente.

En este nuevo mundo la educación superior es la nueva alfabetización. La educación superior es la llave para el progreso personal y para el ejercicio de la ciudadanía. En este nuevo mundo el contrario de la educación no es la ignorancia, el contrario de la educación es la exclusión. Los ciudadanos necesitan educación para progresar y la sociedad necesita a ciudadanos educados para prosperar.

Por eso ofrecer una educación de calidad a todos los ciudadanos no es una política pública, es un imperativo moral. En nuestro país tenemos un discurso inclusivo pero una realidad excluyente. Nos aprisiona un círculo vicioso en el cual alcanzar un buen ingreso depende de obtener una buena educación, pero obtener una buena educación depende de disponer de un buen ingreso. En este círculo vicioso quedan atrapados los uruguayos más carenciados, generación tras generación, y esa es la verdadera deuda social que tiene nuestro país.

La carencia de inclusividad de la educación uruguaya compromete la viabilidad de nuestro país en la era del conocimiento. La educación de un país es el mejor indicador de su voluntad de progreso. Hemos intentado mejorarla con más dinero, pero no funciona porque no es un problema económico. Hemos intentado mejorarla modificando las autoridades de la educación, pero tampoco funciona porque no es un problema de gobernanza. Hemos intentado mejorarla a través de acuerdos políticos, pero tampoco funciona porque las carencias educativas no se corrigen por ley. No se puede decretar que una persona sepa inglés, no se puede resolver por ley que una persona sepa el Teorema de Pitágoras, no se puede expropiar el conocimiento de una persona y dárselo a otro.

La mejora de la educación uruguaya no es un problema, es un dilema. Es un dilema que deriva de dos derechos en conflicto: el derecho de las instituciones y las corporaciones a preservar sus privilegios, y el derecho de las nuevas generaciones a obtener una educación de calidad. Es un dilema moral y solo se podrá resolver cuando el liderazgo nacional asuma la obligación de buscar una manera de respetar el pasado pero pavimentar el camino al futuro.

Uruguay está hecho a la medida para progresar en la sociedad del conocimiento si resolvemos este dilema. Tenemos una cultura social, un capital intelectual, un patrimonio de recursos naturales que deberían ser ideales para el desarrollo en base al talento y a la inteligencia. Está a nuestro alcance reconvertirnos en un país de producción basado en el conocimiento, en la tecnología y en la innovación. Pero para eso nos tenemos que adaptar a este nuevo mundo signado por la globalización y la tecnificación. Tenemos que salir de la ilusión de que el resto del mundo se adaptará a nosotros.

La discusión pública por la reforma laboral en Brasil por ejemplo, muestra la confusión estratégica en la que estamos sumergidos. La reforma laboral en Brasil es una batalla del siglo pasado. Nuestra real preocupación no debe ser esa. Nuestra real preocupación debe ser la calidad de los bachilleres en Finlandia, la cantidad de doctores en ciencia y tecnología en Corea, la velocidad de los emprendimientos en Israel, la reformulación del valor de los recursos naturales en Nueva Zelanda. Nuestra posibilidad de desarrollo como país no puede depender del fraccionamiento de la licencia. El progreso en el siglo XXI es una competencia de cognición, no de horas extras.

Queridos graduados, gracias de vuelta por estar acá con sus familias. Gracias por permitirnos aprender de ustedes y con ustedes. Uruguay no es un país grande, pero es un gran país y ustedes tienen el deber de hacerlo aún más grande. Uruguay los necesita. Triunfen desde Uruguay y hagan triunfar a su país. Busquen su camino, pero sepan que ORT siempre será su casa.

Muchas gracias.