La arquitectura, el tercer educador en el salón de clases

La arquitectura, el tercer educador en el salón de clases

La Dra. Paula Cardellino, arquitecta y docente investigadora de la Facultad de Arquitectura de ORT, impulsa la idea de que el diseño de las escuelas es un factor importante en el proceso de aprendizaje.

Fecha: 05/09/2018

En 2004, el entonces primer ministro británico Tony Blair anunció que el gobierno implementaría Building Schools for the Future (BSF), un programa millonario con el fin de rediseñar las escuelas secundarias de aquel país y permitir la transformación educativa. Cinco años después del anuncio, la arquitecta y docente investigadora de la Universidad ORT Uruguay, Paula Cardellino, trabajaba y estudiaba en el Reino Unido y decidió analizar las conceptualizaciones de la calidad del diseño enmarcados en el programa BSF.

Una década después, y ya de regreso en Uruguay, Cardellino sigue trabajando en la misma línea de investigación, pero busca aplicar sus conocimientos al diseño arquitectónico de escuelas a Uruguay sobre el entendido de que en el proceso de aprendizaje también intervienen las características del entorno. Sobre esa base se construye la idea de que, además de la interacción entre alumnos y docentes dentro del aula, el espacio puede llegar a ser un tercer educador.

Si bien la arquitecta reconoce que el diseño no es el único factor que incide, afirma que constituye una parte muy importante para comenzar a concebir un nuevo sistema educativo.

¿En qué momento comenzaste con el estudio del diseño arquitectónico de escuelas y de sus aulas?

Hace casi nueve años que trabajo en ORT como docente investigadora en la Facultad de Arquitectura, donde  lidero la línea que investiga los espacios físicos para la educación. Sin embargo, fue durante mis siete años de residencia en el Reino Unido —entre 2003 y 2009— que logré consolidar mi área de interés trabajando como investigadora y, al mismo tiempo, estudiando el Máster en Edificios Inteligentes, en University of Reading.

El contenido del curso implicaba analizar cómo el diseño edilicio, junto con el uso de la tecnología, podía responder de forma eficaz y eficiente a las necesidades de los usuarios. Ya de regreso a Uruguay, realicé el Doctorado en Arquitectura y Urbanismo en la Universidad del Bío Bío, de Chile, y elegí enfocarme en el estudio del espacio como un tercer educador.

¿Cuál fue tu idea desde el principio: investigar para implementar proyectos en el exterior o traer esos nuevos conceptos a Uruguay?

La ilusión siempre fue que el conocimiento generado durante todos estos años de investigación se pudieran utilizar o implementar en Uruguay. Lo que me ha costado muchísimo es que se entienda la verdadera importancia que el espacio tiene para la educación, porque constituye otro factor que ayuda en la transformación y mejora de la educación.

Internacionalmente se reconoce la importancia y relevancia de este tipo de investigación. Recién ahora en Uruguay está empezando a surgir interés, por ejemplo, por parte de sectores de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

¿De qué manera se está involucrando la ANEP en el asunto?

En un primer momento estaba solo yo. Sin embargo, cuando me quise presentar a un llamado de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) para el cual necesitaba tener algún tipo de vinculación con las escuelas públicas del país, me puse en contacto, a través de la ANEP, con una persona que trabaja en la parte de infraestructura educativa.

Mostró interés en entender la cuestión vinculada al espacio educativo como tercer educador y me dijo que había una tendencia dentro de la ANEP para investigar lo mismo.

El organismo ofreció tres investigadores y nos presentamos al llamado en conjunto con la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuya Facultad de Educación está desarrollando una aplicación mobile que intenta que el docente sea consciente de cómo utilizar el espacio y por ende pueda hacerlo a su favor.

¿Cómo funciona esa aplicación?

Es una aplicación móvil que desarrollaron en Chile y que se llama Modelamiento del Ambiente Físico del Aprendizaje (MAFA). Su objetivo es formar comunidades virtuales de docentes, en las que se discute la forma como se utilizan los espacios educativos, y se comparten registros y vivencias  para asistir en la transformación de los espacios en tercer educador.

Sirve para compartir experiencias y que los docentes puedan, por ejemplo, implementar en sus salones lo que funcionó en otros.

¿En qué consiste el llamado de ANII al que se presentaron?

Es un llamado de la ANII y la Fundación Centro Ceibal para el Estudio de las Tecnologías Digitales en la Educación. Es la cuarta edición de la modalidad “Inclusión digital: educación con nuevos horizontes” del Fondo Sectorial de Educación.

Se financian proyectos hasta $ 2.900.000 para llevar adelante investigaciones en el ámbito de la enseñanza y el aprendizaje mediados por tecnologías digitales, que puedan estar vinculados a aspectos sociales o educativos del Plan Ceibal.

Recientemente, en los primeros días de setiembre, se anunciaron los resultados de la primera instancia de presentación de ideas. De un total de 48, quedaron seleccionadas 20, la nuestra incluida.

¿Cuál creés que es el vínculo entre la arquitectura escolar y la calidad de la enseñanza? ¿Considerás que una de ellas transforma a la otra o que ambas se potencian entre sí?

Es un ida y vuelta. Que la calidad del aprendizaje dependa solo de la arquitectura es algo irreal. Sin embargo, sí pienso que dentro del salón, además del docente y del alumno, está el espacio en el que interactúan, y que si se usa de forma correcta puede ser un factor importante.

El espacio involucra no solo la ventilación, la luz natural o la altura, por ejemplo, sino que hay elementos menos tangibles que hacen que el alumno se sienta más satisfecho con el entorno y pueda interactuar de forma más fluida con el docente.

Hay cosas que en Uruguay pueden ser vistas como utópicas, pero ahora, por ejemplo, en Australia, se está implementado el concepto de Innovative Learning Environments (ILE) en el diseño de muchas escuelas.

Básicamente, se refiere a que el espacio, ya sea físico o virtual, puede tener un impacto en el aprendizaje. No solo reúne a las personas: puede alentar y facilitar la exploración, colaboración y discusión. Esto significa que el salón, por ejemplo, no permite que el maestro entre y cierre la puerta, sino que acciona la interacción entre distintos maestros y grupos de alumnos que se mezclan y autoenseñan.

El espacio permite eso, que los alumnos sean capaces de autocontrolarse y sean más independientes en la forma en la que ellos quieren aprender.

De todas formas, imagino que para implementar un espacio de este tipo es vital la complicidad del sistema educativo.

Por supuesto. Está bueno que lo menciones, porque soy cocreadora de un grupo de investigación que vincula a ORT con la Newcastle University desde 2015. Este grupo es interdisciplinario, yo aporto la parte de arquitectura y ellos la parte de educación, entonces nos complementamos.

He tenido la oportunidad, a través de esta colaboración continua, de ir todos los años a intercambiar vivencias y a investigar las escuelas de allá.

Hace poco fui a una escuela del norte de Inglaterra, en un barrio carenciado, y es super innovadora. La directora, en conjunto con los arquitectos, logró el diseño de una escuela que respondiera a sus ideales de cómo se educa.

Para lograr eso necesito no solo de la aceptación de los alumnos, sino también la de los maestros. Con los cambios siempre pasa que algunas personas se sienten más cómodas e intentan incentivarlos, mientras otras se niegan, pero si no está el apoyo del maestro, es muy difícil implementar nuevas ideas.

Por ejemplo, hay escuelas en Copenhague en las que se entrena a los maestros antes de ingresar a trabajar para utilizar los espacios innovadores, de forma que la educación se alinea con ellos; si no comprenden el nuevo sistema integral, el puesto no es para ellos. Todo el mundo tiene que comprar la idea para que sea exitosa.

También se discute que no es para todos los niños, porque si ellos no se autocontrolan, la idea no tiene mucho futuro.

En Newcastle, esa directora tuvo una idea innovadora y la llevó adelante. ¿Qué tan viable es eso en Uruguay?

Es un tema complejo, porque se discute hasta qué punto el director de una escuela pública tiene poder como para decidir si en una determinada escuela se implementa un espacio innovador o no. Acá está todo tan centralizado que si se dice que las escuelas se hacen de tal manera, se hacen todas iguales sin posibilidad de discusión por parte de los usuarios.

El llamado de la ANII, por ejemplo, surge en el marco de una gran inversión vinculada a la iniciativa de participación público privada (PPP) en la educación. En el primer llamado se planean realizar más de 40 obras, entre jardines de infantes, Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) y escuelas primarias.

Sin embargo, siento que si no se analiza y discute la mejor forma de diseñar estos espacios educativos en paralelo con nuevas formas de aprendizaje, pasan a ser oportunidades perdidas de actualización y cambio educativo.

Acaban de terminar un preescolar utilizando un prototipo sobre el que se van a basar los otros 43 proyectos. Se siguen construyendo estructuras cuyo diseño es del siglo pasado teniendo la posibilidad de mover un poco la barra y de apuntar al diseño de otro tipo de edificio.

A nivel de diseño y teniendo en cuenta lo que mencionabas de considerar al espacio como un tercer educador, ¿qué características hacen que un centro educativo sea antiguo y cuáles moderno?

Hay un tema de costos. Siempre se hace el cálculo de dos metros cuadrados por alumno y de cuántos metros cuadrados puede tener la escuela. El tema está en ser ingenioso como para aprovechar esos dos metros cuadrados. ¿En dónde es mejor usarlos? ¿Cada niño va a usar sus dos metros cuadrados, o intento abrir el aula e integrarla con la parte de circulación para incorporar más diversidad espacial?

El mobiliario también tiene que tener su cuota de adaptabilidad y flexibilidad para que el alumno lo pueda mover. Ahora hay diseños que vienen de la mano de esta aplicación chilena que mencionaba anteriormente: el banco no es un banco y la silla no es una silla, el niño elige qué es un banco y qué es una silla, porque quizás puede unir uno con otro y hacer un pequeño teatro.

Implica dejar que la imaginación del niño vuele un poco más, que el espacio empiece a abrirse para que ellos puedan interpretarlo como quieran.

¿Cuál es la altura ideal, por ejemplo?

Cuando aprendemos necesitamos espacios en los cuales podamos trabajar en grupo, también de forma individual, entonces se pueden tener espacios con alturas variadas. Si un niño quiere estar aislado o focalizado en una tarea, puede optar por estar en un lugar un poco más cerrado o contenido, y para eso se pueden incorporar elementos de transición como por ejemplo una ventana retranqueada, que genere nichos y huecos donde se pueda trabajar de a dos o tres niños con o sin maestro. Si se busca que todos los alumnos participen, se puede apelar a una altura mayor.

¿Todos estos elementos que mencionás son los que hacen al diseño ideal a implementar en Uruguay?

No hay una única respuesta. El contexto y la cultura son aspectos super importantes; no podemos hacer la misma escuela en todos los barrios o zonas del país. Para diseñar estos edificios hay que ser mucho más meticuloso, hay que escuchar a los niños y a los maestros, que son los que van a estar usando el espacio.

Nosotros como arquitectos podemos llegar hasta cierto punto, podemos pensar en las variedades que permite el diseño, pero si estas no responden a lo que los niños y los maestros necesitan, no tiene sentido y no hay una conexión. Por eso la idea es trabajar juntos y tratar de encontrar un lenguaje en común. Ese diálogo es vital.

Por ejemplo, en la línea de investigación que desarrollo se plantea hacer un estudio post ocupacional de las escuelas. Es decir, si se hizo una escuela nueva es bueno ver después de un año cómo es que se está utilizando, cómo lidian los maestros y los alumnos con los distintos elementos.

Un arquitecto puede decir que un salón está bien ventilado, porque puso ventanas en un punto y otro, pero si nadie abre esas ventanas, está mal ventilado igual. ¿Alguien le dijo al maestro que tiene que abrir las ventanas? El tema del uso del espacio necesita educación de parte de los que lo diseñan.

El año pasado publicaste, junto a dos colegas, un estudio sobre la evolución del diseño escolar en Uruguay y Costa Rica. Allí mencionan que la arquitectura del salón de clases se fue transformando para que hubiese mejoras a nivel de la educación. Sin embargo, es común escuchar que la calidad de la educación en el país no es lo que era antes. ¿Por qué creés que pasa eso? ¿Los cambios que se hicieron a nivel de arquitectura no han ido de la mano con lo que necesitaba Uruguay?

En ese estudio, el argumento central es que en Uruguay —así como en varios países de Latinoamérica—, a mediados del siglo XX, se generó un gran interés por cambiar la forma en la que se concebía la educación y por eso es que empezaron a surgir las llamadas escuelas experimentales, para de cierta manera testear qué más podía dar la arquitectura.

Hoy están las escuelas de tiempo completo, en las que se hace un intento por cambiar la forma de diseño, pero más allá de esto, todos los edificios recientes —y no tanto— tienen un diseño que responde a una forma de educar por caducar.

La conclusión del estudio es que ahora parecemos estar transitando una especie de letargo, en el que no estamos cambiando ni la arquitectura ni la forma de educar. Hace ya más de 20 años que la educación no cambia, porque parece que nada se puede cambiar, ni la arquitectura ni el sistema.

El sistema ata a la arquitectura, no le permite volar, porque no se entiende la relación directa que existe con el espacio. Hace unos meses se debatía sobre si empezar a enseñar a partir de proyectos en vez de asignaturas. Se sigue insistiendo con las asignaturas, y sin duda para eso necesitamos las viejas y queridas aulas surgidas hace siglos. Cuando aceptemos que podemos enseñar de forma distinta, recién ahí podremos empezar a cambiar el espacio para la educación.

¿Ves a Uruguay muy lejos de aplicar todas estas ideas?

Creo que aún estamos lejos, pero lo último que se pierde es la esperanza. Lo bueno y alentador es que de a poco empieza a surgir el interés desde distintos sectores.

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