https://youtu.be/W88Q-4TW4pc
Señores vicerrectores, decanas, decanos, miembros del cuerpo académico de nuestra universidad, señores amigos de ORT, queridas graduadas y graduados y sus familias. Nos alegra recibirlos en esta ceremonia para reconocer su esfuerzo y su dedicación. Algunos de ustedes son los primeros universitarios en su familia, otros prosiguen la tradición familiar, para todos es un día para estar orgullosos. Y también es un día para agradecer. Agradecer a sus familias y a los que consideran parte de su familia. Agradecer a todos aquellos que los apoyaron, los estimularon, los inspiraron para superar los desafíos de su carrera. Y nosotros queremos agradecerles a ustedes por la confianza depositada, esperamos haber estado a la altura.
Hace dos años perdimos un gran líder, nuestra Directora General, mi madre, Charlotte de Grünberg. Su luz no se apagó, nos sigue iluminando. Supo construir una cultura que nos guía y un equipo que es como una familia. Muchos le debemos mucho.
Queridas graduadas y graduados, la graduación no significa el fin de la necesidad de aprender. El aprendizaje no termina con la graduación porque forma parte de la tarea inacabable de crecer como persona. Como dijo Maimónides: "no existe haber aprendido lo suficiente". Para poder adaptarse a los cambios de nuestra nueva era de inteligencias artificiales, todos vamos a tener que seguir aprendiendo constantemente. En la era de la inteligencia artificial, la ignorancia no es la carencia de conocimientos. La ignorancia es la inconsciencia de la necesidad de reaprender constantemente.
Muchos de ustedes deben estar pensando en sus próximos pasos. No teman dudar, la vida es incertidumbre. Entre las aptitudes más exigentes para una persona, es la capacidad de actuar en incertidumbre sin paralizarse. Vivimos en una cultura que premia la seguridad o la apariencia de seguridad. Sospecha de la vacilación e interpreta la duda como debilidad. Resistan la presión de opinar antes de haber comprendido. Piensen antes de repostear algo que no leyeron o no comprendieron en profundidad.
En la búsqueda de su futuro, no persigan los sueños de los demás. Sigan los caminos que sientan importantes para ustedes. Como dijo Jean-Paul Sartre: "lo importante no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". Confíen en sí mismos, porque si no, los demás no van a confiar en ustedes. Tenemos que arriesgarnos intelectualmente para descubrir nuestras fortalezas. No escondan sus errores de los demás y, especialmente, no los escondan de sí mismos. Errar es una consecuencia natural de intentar algo nuevo. Es una señal de que estamos explorando, creando, saliendo de lo conocido. Permítanse errar, pero exíjanse recuperarse. No traten de ser perfectos, busquen ser resilientes.
Ejerzan siempre su espíritu crítico y autocrítico. Desconfíen de los dogmas y las verdades reveladas que parecen tener respuesta para todo. La realidad es compleja. Exíjanse pensar en profundidad. Lideren con integridad y respeto. Busquen el propósito compartido, la honestidad intelectual y la lealtad. El liderazgo no es un cargo, es una actitud. Estén siempre dispuestos a escuchar. A veces pensamos que el líder se distingue por discursos inolvidables, pero la mayor parte del tiempo se distingue por saber escuchar.
Confíen en aquellos que tengan que liderar. Hay un momento muy profundo en la tradición judía que es cuando Dios encarga a Moisés una tarea más que desafiante, que es conducir su pueblo a la libertad. Y Moisés duda de sí mismo. Le pregunta a Dios, ¿por qué me estás encargando eso? Yo soy débil, tengo dudas, nunca fui militar, no conozco la geografía. Y Dios lo deja hablar, pero cuando Moisés deja de hablar de sus propias limitaciones y empieza a dudar del pueblo, Dios lo castiga, porque un líder puede dudar de sí mismo, pero no tiene derecho a renunciar a la fe en aquellos a que está llamado a conducir. Y esa es una de las definiciones más altas del liderazgo. No es el que ignora los defectos de su comunidad, sino el de quien, conociéndolos, sigue creyendo en su potencial. Liderar es sostener esa confianza, la convicción de que los otros pueden crecer, superar sus flaquezas y estar a la altura de una tarea mayor.
Queridas graduadas y graduados, les toca graduarse en un mundo convulsionado.
Los uruguayos, como el resto del mundo, enfrentamos grandes cambios. Tenemos por delante una era que puede ser de riqueza y prosperidad, pero que será cambiante y vertiginosa. El recrudecimiento de la guerra, la reaparición del antisemitismo, la irrupción de las inteligencias artificiales, la intolerancia política, nos hacen sentir amenazados. Los temores que inspiran estos cambios impulsan en algunos la reflexión y el estudio, pero a otros los lleva a vivir a través de un espejo, donde los valores se perciben a la inversa.
Un mundo en que algunos movimientos feministas apoyan a regímenes que oprimen a la mujer, un mundo en que los colectivos de defensa de los derechos de las personas con diferentes orientaciones sexuales se manifiestan a favor de regímenes que los ilegalizan, encarcelan y ejecutan. Un mundo en el cual organismos de derechos humanos son presididos por países en que esos derechos no existen. Un mundo en que algunos medios de prensa apoyan a los regímenes en donde no existe libertad de prensa.
Vivir a través de un espejo es una forma de evasión de la realidad, brinda una ilusión de seguridad ante los cambios. Pero más allá de la profunda inmoralidad de estas conductas, hay un límite a lo que se puede vivir a través de un espejo. La realidad siempre nos alcanza y los uruguayos tenemos que tener el coraje de salir del espejo. Tenemos una rica tradición de convivencia. Tenemos que exportar civilidad, no importar enfrentamientos. Tenemos que pensar por nosotros mismos, no rendirnos a las narrativas dominantes.
Tengan en cuenta que una sociedad polarizada sacrifica la honestidad intelectual en nombre de la pertenencia. Se llega a un momento en que admitir que nuestra tribu puede cometer errores se empieza a ver como una traición. La sociedad comienza a premiar no a quienes piensan mejor, sino a quienes están más dispuestos a renunciar al pensamiento propio. En estos términos, la conversación se vuelve imposible, la democracia se oxida, la sociedad se tribaliza, la ciudadanía se desvaloriza. Tenemos que evitar la deriva hacia una sociedad sin diálogo. Ningún país progresa escuchando monólogos.
Uno de los grandes desafíos de su generación va a ser cómo convivir con las nuevas formas de inteligencia artificial. Hasta ahora era un monopolio de los humanos. Todos estamos fascinados y al mismo tiempo atemorizados por la inteligencia artificial, especialmente por el temor a que nos reemplace en nuestros trabajos. Pero no es cierto que cuanto más tareas pueda realizar la inteligencia artificial menos trabajo tendrán los humanos. Los humanos no vamos a obsolescer, porque todavía, y por un buen tiempo, no hay ni habrá máquinas con consciencia moral o capaces de genialidades inesperadas. Hay tareas para las cuales los humanos seguimos siendo imprescindibles o más eficientes. Y para muchas otras, la colaboración entre humanos y máquinas será más eficiente que las máquinas actuando solas.
No traten de hacer mejor lo que las máquinas pueden hacer automáticamente. Cultiven su dimensión humana que será su diferencial en la era de las inteligencias artificiales. La artesanía no es reemplazable por ahora por la inteligencia artificial, pero a veces es malentendida. La artesanía no es solo los oficios manuales. En realidad, la forma más importante de artesanía es la intelectual, es decir, el pensamiento original en lugar del pensamiento industrializado. Eso es lo que los va a distinguir de las máquinas que producen contenidos útiles, pero poco inspiradores, que cumplen necesidades, pero no cambian paradigmas.
Hagan el esfuerzo siempre de pensar en profundidad. Resistan la tentación de tercerizar el esfuerzo cognitivo a inteligencias artificiales que, en definitiva, lo que van a hacer es oxidar nuestra capacidad cognitiva. Esfuércense por crear, no repetir. Comprender, no solo acumular conocimientos. La inteligencia no consiste solamente en responder rápido, sino en lidiar con la complejidad. No todo es simple, directo, visible superficialmente, comprensible en 140 caracteres o explicable en 20 segundos.
Queridos graduados y graduadas, como parte de los más educados de nuestra sociedad, tienen oportunidades, pero también responsabilidades. Tenemos que todos sentir como una obligación moral la expansión de las oportunidades educativas a más uruguayos. Una mejora educativa que evite la creación de una grieta entre los más educados y los demás. Más educación significa más libertad, más prosperidad y más democracia. A veces pensamos: ¿qué puedo resolver yo como una persona más? Como Maimónides enseñó tan elocuentemente, cada uno de nuestros actos cuenta. Ninguno de nosotros es intrascendente. Cada uno de nosotros puede hacer una diferencia en la mejora del mundo.
Queridos graduados y graduadas, les deseamos lo mejor. Busquen su camino y persigan sus ambiciones, pero hagan lo que hagan, estén donde estén, sepan que ORT siempre será su casa. Muchas gracias.