Discursos en ceremonias académicas

Segunda ceremonia anual de graduación 2014, 26/11/2014

Discurso del rector de la Universidad ORT Uruguay, Dr. Jorge Grünberg, durante la ceremonia de graduación.

Señora Directora General de ORT Uruguay, señor Vicerrector, señores Decanos, señor ex Presidente de la República, autoridades nacionales y de instituciones amigas, autoridades y académicos de nuestra universidad, señores Amigos de ORT, queridos graduados y graduadas y sus familias, a todos les doy la más cordial bienvenida en este día inolvidable.

Queridos padres y abuelos, ha sido una gran responsabilidad formar a sus hijos y nietos. Esperamos haber cumplido. Nos sentimos muy honrados y muy responsables de su elección de ORT como universidad. Cada uno de ustedes nos ha enseñado mucho. ORT no sería la misma sin ustedes.

Hace más de 70 años que ORT enseña en nuestro país. Desde nuestros orígenes como escuela técnica en 1942, el mundo y nuestro país han cambiado mucho, pero nuestro espíritu y nuestra misión continúan incambiados. Somos una institución privada con una misión pública, que es expandir las oportunidades educativas de los uruguayos y ayudar al progreso del país. Continuamos buscando ayudar a las personas a vivir con dignidad a través de una educación productiva, porque no hay peor dependencia que la ignorancia ni manera más efectiva de luchar por la libertad que educar.

Continuamos con nuestro esfuerzo permanente por vislumbrar el futuro, porque una universidad debe ser la imaginación de un país. Porque la construcción del futuro no se puede basar en la recreación de pasados gloriosos sino en ideas innovadoras y en caminos no recorridos.

Este año se cumplen 55 años del juicio de Adolfo Eichmann, un evento histórico sobre el cual nuestra universidad editó este año un libro como parte del esfuerzo editorial dirigido por nuestra directora general. Como ustedes saben, Adolfo Eichmann fue un oficial nazi responsable directo de organizar las deportaciones de los judíos a los campos de exterminio. Lamentablemente la gran mayoría de los responsables nazis escaparon sin castigo, pero el señor Eichmann fue atrapado en 1960 y juzgado en Israel por crímenes contra la humanidad. Ese juicio fue un evento histórico, porque nos ayudó a entender cuánto daño pueden hacer profesionales altamente educados cuando su conducta es amoral e inmoral. Recuerden siempre que su conocimiento debe ser usado con responsabilidad, que sus objetivos deben ser coherentes con los derechos de los otros, recuerden que antes que profesionales son personas.

La educación es un bien público que no debe ser apropiado por ninguna opinión y ninguna ideología. La educación puede ser una fuente de adoctrinamiento o puede ser formadora de civismo y de búsqueda de la verdad. De esta gran elección depende la naturaleza de la sociedad en que vamos a vivir en el futuro.

Ustedes son ahora parte de la pequeña minoría de jóvenes uruguayos con educación universitaria y este privilegio implica obligaciones. Miren a su alrededor, tomen en cuenta que la gran mayoría de los jóvenes de su generación nunca van a alcanzar un título universitario.

Como dijo Hillel hace 2000 años, “Si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará?, pero si sólo me ocupo de mi, ¿quién soy?”. Recuerden que la inteligencia es un don, pero que la generosidad es una actitud.

Sean exigentes con ustedes mismos porque es un prerrequisito para poder exigir a los demás. No acepten verdades reveladas, ejerciten siempre su espíritu crítico. Dialoguen siempre en busca de la verdad, no en busca de imponer sus puntos de vista. Como decía uno de mis profesores de Oxford: “las mentes son como los paracaídas, solo funcionan si están abiertos”. Eviten cultivar el “arte de no escuchar” como decía el filósofo norteamericano Abraham Kaplan. Según este filósofo mucho de lo que parece diálogo son en realidad monólogos por turnos (que Kaplan llamaba “duólogos”). El diálogo serio implica escuchar realmente al otro y escucharse a uno mismo. Según Kaplan “no se puede realmente hablar si no se sabe escuchar” y por supuesto no se puede ni enseñar ni aprender si no se sabe escuchar. En su familia, en su trabajo, en nuestra sociedad en general promuevan el diálogo genuino. Una democracia vital requiere diálogo genuino y no monólogos guionados. Requiere que se expongan y critiquen opiniones y no que se repitan sloganes. El voto por ejemplo, debe ser fruto de un diálogo social, no un acto de disciplina partidaria.

No guíen sus vidas por la necesidad de obtener la aprobación de otros, definan sus propios criterios de éxito. Pregúntense cómo van a medir el éxito en sus vidas. Recuerden que en un sentido trascendental nuestra realización depende de las oportunidades que tenemos para aprender, de nuestra capacidad de contribuir a personas y a causas que nos importan y de ser reconocidos por aquellos a quienes respetamos, queremos o admiramos. Cuando nos olvidamos de esto tendemos a subinvertir en nuestras familias y a sobreinvertir en nuestras búsquedas materiales, a pesar de que nuestros afectos son la fuente esencial y duradera de nuestra realización personal. Piensen bien, la gente no envidia el auto del otro, envidia un matrimonio unido, hijos afectuosos y familias solidarias.

Tomen en cuenta que les espera un nuevo mundo. No estamos viviendo una época de cambios, estamos viviendo un cambio de época, hacia una sociedad donde la riqueza surge del conocimiento y de la creatividad, no de los recursos naturales o de la fuerza. Hoy existe un idioma global, una red de comunicación global, profesiones globales. El tiempo y la distancia ya no existen como límites a nuestra producción. En este nuevo mundo no hay donde esconderse. Desde Uruguay podemos producir para el mundo, pero a la vez nuestro trabajo puede ser sustituido de un momento a otro por jóvenes ambiciosos e inteligentes de cualquier otra parte del planeta. Este nuevo mundo es una carrera continua entre educación y tecnología.

La realidad cambia tan rápido que el conocimiento estático se deprecia a una tasa muy acelerada. Plantéense preguntas: ¿Quién es el presidente de Egipto?, ¿cuáles son las fronteras de Irak?, ¿a qué país pertenece Crimea?, ¿cómo le va a Nokia o a Blackberry?, ¿puede un auto manejarse solo en el tráfico? Ninguna de estas preguntas tiene la misma respuesta que hace unos pocos meses. Continúen siempre aprendiendo. Como dijo Jorge Luis Borges: “uno llega a ser grande por lo que lee, no por lo que escribe”. La medida de nuestro éxito como universidad no es que puedan aplicar lo que les enseñamos, sino que sean capaces de aprender lo que ignoramos.

Me preocupa que como sociedad vemos este nuevo mundo con desconfianza. ¿Por qué un país como el nuestro que tiene tanto para ganar de un mundo sin distancias no abraza la modernidad como oportunidad en lugar de rechazarla como amenaza? Posiblemente porque esta modernidad pone límites a los monopolios y a las corporaciones, brinda mayor autonomía a los individuos y mayor difusión a las opiniones divergentes. Pero la resistencia a la modernidad es fútil. Nuestro país no podrá aislarse de los cambios globales como ningún otro país lo puede hacer. Entonces, ¿vamos a intentar fútilmente rechazar este mundo de oportunidades para defender corporaciones y tradiciones hasta que nos tengamos que dar por vencidos o vamos a ir a su encuentro y buscar como sociedad nuestro lugar en el mundo? Estas son las preguntas existenciales que debemos plantearnos los uruguayos.

Este ha sido un año memorable para nuestro país. Elegimos un nuevo gobierno. El resultado sorprendió a casi todos, algunos quedaron muy conformes y otros muy decepcionados, pero lo importante es que la elección resultó una reafirmación de la vigencia de la democracia en nuestro país. De hecho tan claro fue el resultado que muchos sienten que llegó el fin de la política, como alguna vez algunos pensaron que había llegado el fin de la historia. Pero una democracia vital no se compone solo de elecciones sino también de oportunidades, de protagonismo ciudadano, de libertad individual, de diversidad cultural y en última instancia de cohesión en torno a propósitos nacionales. En todos estos aspectos hay mucho para hacer, especialmente desde la sociedad civil y especialmente desde los más educados como ustedes.

Por otro lado tuvimos un año que nos debe avergonzar a los uruguayos, ya que una oleada de racismo invadió nuestro país. Sorprendentemente en una sociedad que ha trabajado tanto en promover una agenda de derechos humanos, las manifestaciones racistas no suscitaron la indignación esperada. En algunos casos fue doloroso no poder discernir si algunos líderes públicos eran parte del impulso o del freno. Una agenda de derechos debe ser integral para ser éticamente coherente. No se pueden rechazar selectivamente algunos agravios y tolerar otros, los derechos humanos son un derecho absoluto.

En relación a esto quiero compartir con ustedes lo que considero una reacción importante de la sociedad civil, una declaración de cinco universidades uruguayas: la Universidad Tecnológica, la Universidad Católica, la Universidad de Montevideo, la Universidad de la Empresa y la Universidad ORT Uruguay. Hace sesenta días firmamos la siguiente declaración: “Ante los recientes actos de racismo que han tenido lugar en nuestro país, las universidades firmantes declaramos:

Nuestro más firme rechazo a toda forma de discriminación y racismo en nuestra sociedad, la cual se ha distinguido históricamente por su espíritu tolerante y democrático.

Nuestra convicción de que el derecho de todos los ciudadanos de vivir libres de amenazas, actos o declaraciones discriminatorios es un derecho humano fundamental.

Nuestro compromiso de educar en valores culturales que ayuden a una convivencia pacífica en una sociedad libre de amenazas, racismo y discriminaciones.

Como educadores, llamamos a la reflexión a todos los líderes de nuestra sociedad a preservar y promover la cultura tolerante y diversa que siempre ha caracterizado a nuestro país”.

Señores graduados y graduadas: les espera una era muy distinta de nuestro país y del mundo. Hay menos certezas pero también menos límites. Nunca hubo tantas oportunidades para personas cada vez más jóvenes de saltear jerarquías, de lanzar emprendimientos audaces y de proyectarse mucho más lejos de su punto de origen geográfico, social o cultural. Gracias a la conectividad global pueden conquistar el mundo desde Uruguay. Pueden llegar tan lejos como quieran sin abandonarnos. Uruguay los necesita. Triunfen desde Uruguay y hagan triunfar a su país. Ahora es su oportunidad de llevar a la superficie este Uruguay moderno y emprendedor que ustedes representan.

Sigan siempre su camino, pero sepan que ORT siempre será su casa.