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Docentes de ORT presentaron libro sobre inteligencia artificial

03/06/2026
La presentación del libro La IA no viene por tu trabajo, viene por tu comodidad, escrito por Sebastián Pombo, docente de la Facultad de Ingeniería, y Magdalena Tortorella, docente de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales, reunió en el Auditorio del LATU a referentes de la educación, la tecnología y el emprendimiento.
Docentes de ORT presentaron libro sobre inteligencia artificial

Durante la exposición reflexionaron sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, el aprendizaje y la toma de decisiones.

El evento, moderado por el periodista Antonio Larronda, incluyó una conversación con los autores y un panel integrado por el Ing. Eduardo Mangarelli, decano de la Facultad de Ingeniería; Ing. Sylvia Chebi, cofundadora y directora ejecutiva de ThalesLab; y Ph.D. Martín Rebour, especialista en Educación de Ceibal.

El origen del libro

Durante la presentación, Tortorella explicó que la idea surgió a partir de una experiencia personal mientras cursaba un MBA. Al utilizar herramientas de inteligencia artificial para apoyarse en distintas tareas académicas, comenzó a preguntarse cuál era el lugar del criterio profesional cuando las respuestas parecían estar al alcance de un clic.

Esa inquietud coincidió con conversaciones que mantenía con Pombo sobre el uso creciente de estas tecnologías en ámbitos académicos y empresariales. Ambos venían escribiendo y reflexionando sobre estos temas desde hacía varios años, hasta que decidieron transformar esas ideas en un libro.

Según señalaron, el objetivo no fue cuestionar el uso de la inteligencia artificial, sino ofrecer una guía para utilizarla de manera consciente y responsable.

presentacion del libro sobre Inteligencia Artificial

El criterio como práctica

Uno de los conceptos centrales de la obra es que el criterio no es una cualidad estática, sino una capacidad que debe ejercitarse continuamente.

Los autores advirtieron sobre el riesgo de delegar progresivamente el análisis y la toma de decisiones en sistemas que pueden generar respuestas convincentes, pero que carecen de intención, propósito o comprensión real del contexto.

En ese sentido, destacaron la importancia de mantener al ser humano dentro del proceso de decisión, no únicamente como un supervisor que valida resultados, sino como un actor intelectualmente involucrado en la construcción de las respuestas.

“El criterio se practica”, sostuvo Pombo durante la presentación, al explicar que el principal riesgo no es el uso de la tecnología, sino dejar de ejercitar las capacidades que permiten evaluar críticamente sus resultados.

Los autores también alertaron sobre lo que denominan “comodidad” o “pereza cognitiva”: la tendencia a aceptar respuestas generadas por sistemas de inteligencia artificial sin cuestionarlas, analizarlas o complementarlas con la experiencia y el conocimiento propio.

Productividad con propósito

Durante el panel, Mangarelli planteó que la inteligencia artificial generativa debe entenderse como una herramienta capaz de amplificar las capacidades humanas.

Según explicó, la automatización seguirá avanzando en todas aquellas tareas que puedan ser automatizadas. Sin embargo, señaló que el verdadero desafío no está en competir con la tecnología, sino en fortalecer aquellas capacidades que continúan siendo exclusivamente humanas.

En ese sentido, destacó que las ganancias de productividad deberían permitir dedicar más tiempo a actividades de mayor valor agregado, como la interacción con equipos, estudiantes, clientes o procesos de reflexión más profundos.

También advirtió sobre la necesidad de comprender cómo funcionan estas herramientas para utilizarlas de manera efectiva y responsable, evitando caer en simplificaciones o expectativas poco realistas sobre sus capacidades.

La curiosidad como motor del aprendizaje

Mangarelli sostuvo que la inteligencia artificial está obligando a repensar la forma en que se enseña y evalúa. En ese contexto, destacó que las instituciones educativas deben enfocarse cada vez más en desarrollar capacidades que trascienden los contenidos específicos.

Para el decano, la curiosidad es uno de los motores fundamentales del aprendizaje y de la generación de conocimiento. Según explicó, los conocimientos y fundamentos disciplinares siguen siendo esenciales, pero adquieren verdadero valor cuando permiten comprender problemas, formular preguntas y desarrollar criterios propios para tomar decisiones.

También destacó la importancia de la capacidad de resolución de problemas, una habilidad que, independientemente de la disciplina, seguirá siendo diferencial en un contexto donde las herramientas tecnológicas son cada vez más accesibles.

panel sobre inteligencia artificial

El riesgo de perder la fricción cognitiva

Otro de los conceptos que surgió durante la actividad fue la necesidad de preservar los espacios de aprendizaje que se generan a través del esfuerzo intelectual.

Mangarelli advirtió que, en un escenario donde muchas tareas pueden resolverse en segundos mediante herramientas de inteligencia artificial, existe el riesgo de perder la “fricción cognitiva”: el proceso de análisis, ensayo, error y reflexión que permite desarrollar conocimiento y criterio profesional.

Según señaló, la formación de una persona no depende únicamente de obtener respuestas correctas, sino del recorrido que realiza para llegar a ellas. Por ese motivo, sostuvo que las instituciones educativas deben avanzar hacia modelos de evaluación que permitan comprender cómo los estudiantes construyen conocimiento, incorporando instancias de seguimiento, trabajo por proyectos y defensas orales.

Un desafío para la educación

La conversación también abordó los cambios que la inteligencia artificial está generando en los procesos de enseñanza y evaluación.

Rebour señaló que los sistemas educativos enfrentan el desafío de formar personas capaces de utilizar estas herramientas de manera crítica, ética y creativa.

Desde su experiencia en Ceibal, destacó la importancia de trabajar desde edades tempranas en competencias vinculadas a la ciudadanía digital, el pensamiento crítico y la comprensión de cómo funcionan las tecnologías que forman parte de la vida cotidiana.

Asimismo, explicó que la irrupción de la inteligencia artificial obliga a repensar las formas tradicionales de evaluación. Más que centrarse exclusivamente en productos finales, las instituciones educativas deben generar mecanismos que permitan observar y valorar los procesos de aprendizaje, la reflexión y la construcción de conocimiento.

Rebour también advirtió que el acceso a la tecnología no garantiza por sí mismo mejores aprendizajes. A su entender, es necesario acompañar a estudiantes y docentes para que desarrollen habilidades que les permitan utilizar estas herramientas de forma significativa y evitar que las brechas de uso profundicen desigualdades ya existentes.

Innovar sin perder la mirada humana

Desde la perspectiva del ecosistema emprendedor, Chebi destacó que la inteligencia artificial está reduciendo significativamente las barreras para crear prototipos, validar ideas y desarrollar nuevos productos.

Sin embargo, remarcó que identificar problemas relevantes, comprender las necesidades de los usuarios y validar soluciones continúa siendo una tarea profundamente humana.

Para la directora ejecutiva de ThalesLab, la tecnología puede acelerar procesos y ampliar capacidades, pero no sustituye la creatividad, el criterio ni la comprensión de los contextos en los que surgen los desafíos que buscan resolver los emprendimientos.

También advirtió sobre la necesidad de prestar atención a nuevas problemáticas asociadas al uso de estas herramientas, desde cuestiones éticas hasta dependencias tecnológicas que comienzan a surgir en organizaciones y startups.

Separar la realidad del ruido

Hacia el cierre del panel, Mangarelli planteó que uno de los mayores desafíos actuales es diferenciar los avances reales de la tecnología del exceso de información y expectativas que suelen acompañarla.

Según explicó, muchas de las discusiones sobre inteligencia artificial están condicionadas por titulares, mensajes simplificados y visiones extremas que dificultan comprender qué pueden hacer realmente estas herramientas y cuáles siguen siendo sus limitaciones.

En ese sentido, sostuvo que el pensamiento crítico es clave para analizar el impacto de estas tecnologías en la educación, el trabajo y la sociedad.

Uno de los grandes desafíos es separar la realidad del ruido.

Más allá de la tecnología

A lo largo de toda la actividad surgió una idea compartida por autores y panelistas: el desafío actual no consiste únicamente en aprender a utilizar la inteligencia artificial, sino en hacerlo sin renunciar a las capacidades que distinguen a las personas.

En un contexto donde las respuestas son cada vez más rápidas y abundantes, el pensamiento crítico, la curiosidad, la responsabilidad y la capacidad de tomar decisiones aparecen como competencias cada vez más valiosas.

La inteligencia artificial puede potenciar enormemente el trabajo humano, pero el valor sigue estando en quienes son capaces de interpretar, cuestionar y decidir qué hacer con esa información.