Antes de fundar Akua, Behrend trabajó en empresas como PedidosYa, dLocal y Pomelo. En cada una de ellas vivió momentos de fuerte expansión que marcaron su forma de pensar el crecimiento de una compañía.
“Cuando entré a PedidosYa éramos unas 100 personas y después pasamos a ser 700. Fue una gran escuela para entender cómo se expande un negocio y lo que implica abrir operaciones en muchos países”, recuerda.
Más adelante, su paso por dLocal le permitió ampliar la perspectiva hacia un mercado global.
“Ahí se rompió un poco el mindset. Entender que desde Uruguay se puede construir tecnología y venderle al mundo, a empresas como Google o Apple, fue un cambio de cabeza muy fuerte”.
También participó en el crecimiento inicial de Pomelo, una fintech argentina respaldada por fondos de inversión. Ese proceso le permitió conocer otra dinámica: la de empresas que nacen con capital para crecer rápidamente.
“Tenés inversión y un mandato de crecimiento muy fuerte. Eso también te da una gimnasia distinta para entender cómo escalar una compañía”.
Un emprendimiento que crece rápido
Con ese aprendizaje acumulado, hace aproximadamente un año y medio decidió fundar Akua junto a sus socios. La empresa desarrolla infraestructura tecnológica para que otras compañías puedan lanzar o mejorar sus sistemas de pagos.
El crecimiento fue acelerado: el equipo pasó rápidamente a superar las 60 personas, con operaciones en varios países de la región y decenas de clientes.
“Hoy estamos procesando millones de pagos por mes. Algo evidentemente estamos haciendo bien para poder crecer a esta velocidad”, explica. En poco más de un año, Akua superó las 60 personas en su equipo, comenzó a operar en varios países de América Latina y ya cuenta con más de 15 clientes activos, mientras otros se encuentran en proceso de integración.
Levantar capital con una idea
Uno de los momentos clave para cualquier startup es la búsqueda de inversión inicial. En el caso de Akua, la primera ronda llegó cuando el proyecto aún estaba en etapa muy temprana.
Cuando levantamos la primera ronda lo hicimos con una presentación. Era básicamente una idea, una promesa y el equipo que la iba a ejecutar.
Para Behrend, el proceso de levantar capital tiene particularidades que lo diferencian de otras formas de vender. “En definitiva estás vendiendo una parte de tu empresa, pero también una visión de lo que puede llegar a ser”.
Según explica, el ecosistema de venture capital es más pequeño de lo que parece y la reputación juega un papel central. “Es un mundo donde todos se conocen. Si causás una buena impresión o si cometés errores, eso circula muy rápido”.
También destaca la importancia de aprender rápidamente del feedback de los inversores. “Tenés que iterar constantemente. A veces hablás con diez fondos en un día y cada conversación te obliga a ajustar cómo contás la historia”.
Empresas distribuidas
Akua opera con equipos en distintos países de América Latina, algo que para Behrend se ha vuelto parte natural de su forma de trabajar. “Para mí ya es bastante normal. Hace años que trabajo en empresas con equipos distribuidos en distintos países”.
Sin embargo, reconoce que construir cultura organizacional en ese contexto es uno de los desafíos más grandes. “Cuando todos están en una oficina es más fácil. Cuando el equipo está distribuido hay que hacer un esfuerzo extra”.
En las primeras etapas de la empresa, decidieron reunirse periódicamente con todo el equipo para fortalecer esa cultura compartida. “Los primeros integrantes de una empresa terminan definiendo la cultura. Por eso al inicio es clave invertir tiempo y energía en construirla”.
Ingeniería en tiempos de inteligencia artificial
Para Behrend, la inteligencia artificial ya está cambiando profundamente la forma en que se desarrollan productos tecnológicos.
En Akua, explica, gran parte del desarrollo se apoya en herramientas de IA, lo que permite avanzar más rápido y mejorar la calidad del software. "Estamos produciendo más código, más rápido y con mejores métricas de calidad. Disminuyeron los errores y las vulnerabilidades".
Desde su perspectiva, este cambio no reduce la importancia de los ingenieros, sino que transforma su rol.
El ingeniero pasa a tener una mirada más amplia del sistema: cómo funciona todo el ecosistema, cómo va a escalar y cómo interactúan las distintas partes.
Pensar los problemas como sistemas
Aunque hoy trabaja en fintech, Behrend destaca que su formación en telecomunicaciones influyó en su manera de abordar los problemas tecnológicos. “Las telecomunicaciones te enseñan a pensar en sistemas. Entender cómo interactúan distintas partes, cómo se comporta el tráfico o cómo escalan las redes”.
Ese enfoque, explica, resulta especialmente útil en sistemas complejos como las plataformas de pagos.
“Al final los principios son parecidos: entender el sistema completo, anticipar escenarios y diseñar soluciones que funcionen a gran escala”.
El futuro de los pagos
Mirando hacia adelante, Behrend cree que la industria de pagos evolucionará rápidamente en los próximos años, impulsada por nuevas tecnologías. “Vamos a ver cambios muy grandes. El pago va a ser cada vez más invisible: no vas a necesitar una tarjeta ni una aplicación específica”.
En ese escenario, el usuario mismo será el medio de pago. “El comercio va a reconocer quién sos, por distintos medios tecnológicos, y el pago se va a ejecutar casi automáticamente”.
Para Akua, el objetivo es construir la infraestructura que permita que esas nuevas experiencias de pago existan. “Queremos crear la base tecnológica para que nuevas empresas puedan lanzar productos financieros modernos y para que los comercios tengan mucho más control sobre lo que pasa con sus pagos”.
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