
Si bien el 72,8 % de los docentes consultados consideró que la inteligencia artificial representaba una oportunidad para mejorar la enseñanza, solo el 24,6 % la utilizó para evaluar el rendimiento académico de sus estudiantes. ¿Cuál fue la razón? El 88,8 % identificó la falta de formación específica como la principal barrera para incorporar estas tecnologías.
Estos fueron algunos de los resultados presentados durante el cierre del proyecto Fortalecimiento de las Competencias Digitales Docentes en Educación Secundaria para la Evaluación Mediada por Inteligencia Artificial, desarrollado por el Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay con financiación del Fondo Sectorial de Educación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y Fundación Ceibal.
Se trata de una investigación que tiene como propósito fortalecer las competencias digitales de los docentes de secundaria, especialmente en lo que refiere a la evaluación apoyada por tecnologías e inteligencia artificial.
El martes 18 de agosto, en ORT Rambla, se realizó el cierre del proyecto. El evento estuvo titulado “Integración de la IA en la evaluación de los aprendizajes” y, además de presentar los principales hallazgos, contó con la exposición del Ing. Eduardo Mangarelli, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad ORT Uruguay y referente en la intersección entre inteligencia artificial y educación.
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La paradoja de la adopción
La investigación del Instituto de Educación trabajó con docentes de 12 centros, de nueve departamentos del país, en contextos de vulnerabilidad. Combinó instancias cuantitativas, cualitativas y participativas para estudiar las competencias digitales, las barreras y oportunidades asociadas al uso de inteligencia artificial y, específicamente, la incorporación a la evaluación.
La Dra. Claudia Cabrera Borges —corresponsable del proyecto— explicó que uno de los hallazgos fue lo que, en el marco del proyecto, se denominó la “paradoja de la adopción”: los docentes consultados mostraron apertura hacia el uso de estas tecnologías, pero manifestaron no contar con la formación suficiente para efectivamente integrarlas a la evaluación.
A su vez, según puntualizó Cabrera Borges, el componente menos desarrollado dentro de las competencias digitales relevadas fue el relacionado con el empleo de inteligencia artificial para evaluar, tanto en el diseño de propuestas como en la corrección de trabajos de los estudiantes.
Para llegar a estos resultados, la investigación se desarrolló en tres etapas: una fase diagnóstica, que incluyó cuestionarios a docentes; una instancia de profundización mediante grupos de discusión; y una etapa participativa de trabajo con docentes para diseñar una propuesta formativa ajustada a las necesidades identificadas.
Las líneas rojas de la evaluación
“La inteligencia artificial no es una herramienta que valga por sí misma, sino que le damos valor en el momento que la usamos”, afirmó la Dra. Mariela Questa-Torterolo, responsable científica del proyecto, quien señaló que es necesario “tomarla como una oportunidad para poder fortalecer las capacidades humanas y pedagógicas”.
En el intercambio con los docentes, Fortalecimiento de las Competencias Digitales Docentes permitió identificar “lo irrenunciable”: aquellos aspectos que no deberían delegarse a sistemas de inteligencia artificial.
Entre ellos, apareció el conocimiento del contexto particular de cada estudiante, así como las dimensiones afectivas, emocionales y vinculares que intervienen en la enseñanza, en el aprendizaje y en la evaluación. En ese sentido, el equipo de investigación definió estos aspectos como las “líneas rojas” o los componentes no delegables del proceso de evaluación.
Otra de las particularidades de la investigación fue escuchar las voces de los protagonistas, en este caso, de los docentes. Es así que el equipo del proyecto codiseñó la propuesta de formación “Expedición IA: evaluación con sentido humano”, que posteriormente fue validada por un panel de expertas en la temática.
La iniciativa plantea trabajar sobre el uso crítico, ético y pedagógicamente relevante de la inteligencia artificial, al tiempo que busca responder a las necesidades formativas surgidas de la investigación. Entre sus componentes se encuentran itinerarios flexibles de aprendizaje, mentorías personalizadas, espacios de intercambio entre pares y un repositorio de prácticas validadas por la comunidad educativa.
“Nos pareció muy importante que las investigaciones tengan un pie en la realidad de los docentes y de las familias que mandan a sus hijos a los centros educativos”, aseguró Questa-Torterolo. A pesar de que detalló que los recursos generados en esta investigación están pensados para docentes de educación secundaria, indicó que también pueden ser “leídos y aprovechados por otros docentes”.
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Evaluar el proceso
Antes de la presentación de los hallazgos, el Ing. Eduardo Mangarelli analizó el avance de la inteligencia artificial generativa y sus implicancias para la educación. El decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad ORT Uruguay sostuvo que la velocidad con la que evolucionan estos sistemas genera la necesidad de una “nueva alfabetización” que permita comprender cómo funcionan, qué capacidades tienen, y cuáles son sus limitaciones y riesgos.
Su exposición recorrió aspectos básicos del funcionamiento de los sistemas de inteligencia artificial generativa y algunas de sus principales fortalezas. Entre ellas, destacó su potencial para ofrecer perspectivas diferentes, su capacidad para seguir instrucciones de forma precisa y la multimodalidad, que permite interpretar texto, audio, video e imágenes, así como generar contenidos en distintos formatos.
También abordó los riesgos vinculados con la privacidad y con los sesgos, cuyo conocimiento resulta necesario para comprender tanto las posibilidades de estas tecnologías como las condiciones para utilizarlas de manera efectiva. Y, en particular, hizo énfasis en el “sedentarismo cognitivo”, que definió como el riesgo de que los estudiantes, en lugar de buscar resolver un problema, “busquen directamente la solución” al contar con sistemas que “van a tener la respuesta”.
Estas capacidades, inevitablemente, tienen una incidencia sobre la evaluación. “Hoy tenemos claro que una respuesta puede obtenerse en segundos, aun si el problema es complejo”, afirmó Mangarelli. Ante ese escenario, planteó que se vuelve relevante “lograr evaluar el proceso más allá del resultado”.
Para avanzar en esa dirección, el experto mencionó la importancia de fortalecer competencias como la comprensión de problemas o la formulación de preguntas adecuadas, debido a que “la calidad de las respuestas” que se obtienen de estos sistemas está “fuertemente condicionada por las preguntas” y por el contexto que se les proporciona.
Pero no hay que olvidar que la inteligencia artificial generativa puede “fortalecer el proceso de aprendizaje” e impulsar “nuevas posibilidades” a la hora de ampliar los recursos disponibles para la enseñanza. Entre otros usos, mencionó el potencial para el diseño de actividades, la producción de variantes de ejercicios con diferentes grados de dificultad, la personalización de los contenidos y la retroalimentación a los estudiantes.
Sobre el final de su intervención, Mangarelli planteó que la discusión educativa no debería partir de la expectativa de que los estudiantes prescindan de estas tecnologías. “Las herramientas están ahí y la realidad es que las van a usar. Lo mejor que podemos hacer es guiar a los estudiantes para que puedan utilizar las herramientas de forma efectiva”, concluyó.
Recursos y próximos pasos
Además de la propuesta formativa, el proyecto produjo informes, artículos académicos, infografías, videos y guías orientadas al uso de inteligencia artificial en la evaluación, que se encuentran disponibles con acceso abierto en su página web.
Durante el cierre del evento, las investigadoras señalaron que “Expedición IA” está siendo considerada para una posible implementación durante 2027 a través de plataformas de Ceibal. El equipo planteó como próximas líneas de trabajo continuar estudiando su implementación y generar nuevo conocimiento a partir de esa experiencia.
Galería de imágenes
El proyecto se vincula con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4: Educación de calidad, uno de los objetivos adoptados por Naciones Unidas para abordar desafíos globales hacia 2030, por su énfasis en la formación docente y en el desarrollo de prácticas educativas pertinentes ante los cambios tecnológicos.
