
La conmemoración ofrece un marco internacional para abordar estos desafíos desde la educación, los medios, las políticas públicas y la participación ciudadana.
Qué propone la Semana en 2026
La Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional se celebra cada año del 24 al 31 de octubre. En 2026, el lema “We All Play a Part – Media and Information Literacy for the People” (“Todos tenemos un papel que desempeñar - Alfabetización mediática e informacional para las personas”, traducción libre del título original) pone el foco en la responsabilidad compartida frente a los desafíos del ecosistema informativo.
Impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la conmemoración reúne a responsables de políticas públicas, educadores, investigadores, periodistas, jóvenes, creadores de contenidos, reguladores, familias y organizaciones de la sociedad civil.
Esta edición contará con actividades regionales y temáticas organizadas en distintas partes del mundo.
La iniciativa se conmemora desde 2011. En 2021, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 75/267, que reconoció la Semana en el ámbito de las Naciones Unidas y subrayó la necesidad de promover información basada en hechos, oportuna, clara, accesible, multilingüe y sustentada en la ciencia.
Por qué es importante
La alfabetización mediática e informacional reúne conocimientos, habilidades, actitudes y valores para buscar, acceder, analizar, evaluar, utilizar y producir información y contenidos de manera crítica y responsable.
No se limita a saber utilizar dispositivos o aplicaciones. También supone evaluar la procedencia y confiabilidad de una fuente, contrastar perspectivas, reconocer sesgos, comprender cómo se producen y circulan los contenidos y decidir qué información resulta pertinente para una situación concreta.
Estas habilidades adquieren especial relevancia en contextos como los procesos electorales, donde la circulación de contenidos engañosos plantea nuevos desafíos para la ciudadanía.
Precisamente, para abordar esta problemática, la Facultad de Comunicación de la Universidad ORT Uruguay realizará el 22 de octubre de 2026 un taller sobre desinformación electoral y verificación digital, a cargo de la Mag. Manuela Silva, editora del servicio de verificación digital de la Agencia France-Presse (AFP). La actividad permitirá conocer herramientas para comprobar el origen de imágenes, videos y fuentes de información.
La importancia de desarrollar estas competencias también cuenta con respaldo científico. El artículo “Media literacy interventions improve resilience to misinformation: a meta-analytic investigation of overall effect and moderating factors”, publicado en 2024 por Communication Research, reunió 49 estudios experimentales con 81.155 participantes, con el objetivo de evaluar hasta qué punto la educación mediática ayuda a combatir la desinformación.

Los resultados mostraron que las intervenciones educativas en alfabetización mediática mejoran la capacidad de distinguir información verdadera de contenidos falsos, reducen la confianza en información engañosa y disminuyen su difusión. Además, el estudio identificó mejores resultados cuando la formación se desarrolla en varias sesiones, en lugar de una única actividad.
La inteligencia artificial cambia el escenario informativo
La expansión de la inteligencia artificial (IA) generativa agrega una nueva dimensión al problema. Estos sistemas pueden producir en segundos textos, imágenes, audios y videos verosímiles, pero la fluidez o apariencia convincente de una respuesta no permite determinar si la información es correcta.
Por eso, la alfabetización en IA no consiste únicamente en aprender a utilizar una herramienta. Requiere comprender sus posibilidades y límites, reconocer sesgos y errores potenciales, evaluar los resultados y decidir cuándo corresponde verificar, contrastar o descartar una respuesta.
Además de identificar posibles errores, resulta fundamental evitar que la facilidad para obtener respuestas sustituya el análisis y la reflexión personal.
Esta preocupación estuvo presente en la presentación del libro La IA no viene por tu trabajo, viene por tu comodidad, realizada el 2 de junio de 2026. Durante la actividad, el Ing. Eduardo Mangarelli, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad ORT Uruguay, advirtió sobre el riesgo de perder los procesos de análisis, ensayo, error y reflexión que contribuyen a desarrollar conocimiento y criterio propio.

En el ámbito educativo, esta discusión también alcanza a la formación de los docentes. Una revisión publicada en 2024 de Computers and Education Open, “In search of artificial intelligence (AI) literacy in teacher education: a scoping review”, señala que la alfabetización en IA dentro de la formación docente todavía es un campo emergente y advierte sobre la necesidad de integrar conocimientos sobre el funcionamiento de estas tecnologías con saberes prácticos y éticos.
La dimensión crítica también aparece en investigaciones recientes. El estudio “Critical questioning with generative AI: developing AI literacy in secondary education”, publicado en Thinking Skills and Creativity, mostró que la calidad del cuestionamiento de los estudiantes frente a contenidos generados por IA depende, entre otros factores, del diseño de las actividades, la intervención docente y los conocimientos con los que se aborda la herramienta.
Qué cambia en la tarea docente
La disponibilidad inmediata de respuestas generadas por inteligencia artificial obliga a revisar qué actividades favorecen el aprendizaje y qué procesos conviene que los estudiantes realicen por sí mismos.
Para el Dr. Gabriel Díaz Maggioli, docente de postgrados del Instituto de Educación de la Universidad ORT Uruguay, el acceso a la información dejó de ser el principal desafío educativo.
“Nuestra tarea consiste cada vez menos en transmitir información y cada vez más en diseñar las condiciones para que el aprendizaje ocurra”, señala.
Este cambio adquiere especial relevancia cuando la IA puede generar contenidos que antes requerían un trabajo individual.
Si una inteligencia artificial puede producir en segundos el ensayo, el resumen o la respuesta que solicitamos, quizás la pregunta más interesante no sea cómo impedir que los estudiantes la utilicen, sino qué necesitamos pedirles ahora para que tengan que pensar.
Los procesos que la inteligencia artificial no debería reemplazar
La Mtr. Natalia Zambon Ferronato, coordinadora adjunta del Centro de Idiomas de la Universidad ORT Uruguay, coincide en que la transformación educativa va más allá de incorporar nuevas tecnologías.
Aunque reconoce las oportunidades que ofrece la IA para personalizar explicaciones, proporcionar retroalimentación y facilitar la práctica autónoma, advierte sobre el riesgo de priorizar la rapidez.
Siento que muchas veces asociamos el uso de la IA con hacer todo más rápido y ahorrar tiempo, pero aprender no siempre consiste en hacer las cosas más rápido.
Para la especialista, es fundamental preservar las actividades que requieren esfuerzo, reflexión y participación activa de los estudiantes.
“Escribir, leer, comparar, argumentar, equivocarse, revisar y volver a intentar son parte del aprendizaje, y no podemos delegar esos procesos”, señala Zambon Ferronato.
En este contexto, destaca la importancia de desarrollar competencias digitales sin perder de vista capacidades humanas como la empatía, la comunicación y la sensibilidad al contexto, fundamentales para mantener el acompañamiento pedagógico.
Pensamiento crítico, criterio pedagógico y aprendizaje
Las miradas de ambos docentes convergen en un punto: integrar inteligencia artificial no significa delegar el aprendizaje. El desafío consiste en utilizar la tecnología de manera que amplíe las posibilidades de enseñar y aprender sin reemplazar la reflexión, la autoría ni el juicio profesional.
En esa línea, la Universidad ORT Uruguay cuenta con orientaciones para docentes y estudiantes sobre el uso académico de inteligencia artificial generativa, con énfasis en la transparencia, el pensamiento crítico, la integridad académica y el aprendizaje.
Más allá del ámbito universitario, estas competencias son necesarias para desenvolverse en una sociedad donde la información circula cada vez más rápido y las tecnologías intervienen en su producción. Por eso, enseñar a utilizar la IA también implica formar personas capaces de cuestionar, contrastar información y tomar decisiones fundamentadas, tanto dentro como fuera del aula.

Esta dimensión educativa vincula la alfabetización mediática y el pensamiento crítico con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4: Educación de calidad, que promueve una educación inclusiva, equitativa y de calidad. En entornos atravesados por tecnologías digitales e IA, estas capacidades forman parte de una educación que permita participar de manera informada y responsable.
En este escenario, alfabetizar para la información ya no significa únicamente enseñar a encontrar datos: implica formar criterios para preguntar, contrastar, interpretar y decidir qué hacer con ellos, también cuando una respuesta aparece en segundos.