Concebido como un espacio abierto de intercambio, reflexión y presentación de proyectos de paisajismo, el encuentro reunió a docentes, graduados y estudiantes de la carrera de Técnico en Paisajismo para compartir trabajos, procesos de diseño, decisiones proyectuales y aprendizajes construidos desde la experiencia académica y profesional en la disciplina.
Más que una sucesión de exposiciones, la jornada funcionó como una muestra concreta de cómo se enseña, se aprende y se ejerce el paisajismo a nivel profesional en Uruguay a distintas escalas: desde jardines residenciales y terrazas hasta espacios públicos, techos verdes, chacras, humedales y proyectos vinculados al patrimonio urbano.
Para quienes ya son parte de la comunidad de la carrera y para quienes están empezando a mirar el paisajismo como opción de formación profesional, este evento ofreció un panorama amplio de herramientas, enfoques y campos de acción. Este artículo repasa los conceptos clave de la jornada e incluye su registro audiovisual.
Celebrar, compartir y mostrar cómo se trabaja en paisajismo
La apertura estuvo a cargo de la Arq. Psj. Paula Rial, coordinadora académica de la carrera, junto con la Prof. Cecilia Sgarbi, docente de la misma carrera y Premio a la Excelencia Docente 2025.
Desde el comienzo, el tono del encuentro quedó claro: además de celebrar el aniversario, se buscó generar una instancia propia para ver qué están haciendo algunas de las distintas generaciones de paisajistas uruguayos, cómo se traducen los aprendizajes de la carrera en proyectos concretos y qué tipo de comunidad se fue construyendo en el quinquenio.
En este sentido, Rial definió a la formación académica como “una carrera ya consolidada”, con graduados, trayectorias diversas y un campo profesional que sigue creciendo. También subrayó la importancia de que futuros estudiantes pudieran ver “qué se hizo en estos años y cómo es que trabajamos”, en una jornada ideada como una ronda de presentaciones ágiles, abiertas al diálogo y al intercambio.
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En esa línea, la presentación inicial, titulada “Del dicho al hecho”, funcionó como una primera síntesis del espíritu mismo del evento. Rial y Sgarbi compartieron experiencias de trabajo conjunto en las que el proyecto y la ejecución se cruzan de forma permanente: desde intervenciones para un rodaje cinematográfico hasta la resolución de una terraza frente a la rambla donde los problemas de drenaje obligaron a repensar el diseño y llevaron a incorporar siete toneladas de piedra caliza como parte de la solución. El bloque dejó, además, una idea que atravesó toda la jornada:
“El paisajismo no se agota en el diseño”.
Requiere flexibilidad, negociación, criterio técnico, capacidad de adaptación y una atención sostenida sobre lo que ocurre después de terminada la obra. Como señaló Sgarbi al comienzo del encuentro, en la carrera “no importa solo lo que se aprende”, sino también “el grupo que se arma”, las sinergias entre generaciones y la posibilidad de seguir construyendo proyectos a partir de esos vínculos.
Conocé la carrera de Técnico en Paisajismo
Del aula a la práctica profesional: proyectos de paisajismo
A través de proyectos de paisajismo a distintas escalas —desde jardines y terrazas hasta humedales, techos verdes, espacios públicos y propuestas vinculadas al patrimonio urbano—, el encuentro mostró cómo la carrera de Técnico en Paisajismo articula lectura del sitio, criterio técnico y práctica profesional.
Serena Paparcone: del jardín productivo a la escala urbana
La Ing. Psj. Serena Paparcone, graduada de la primera generación de la carrera, presentó un recorrido que unió formación, práctica profesional y ampliación de escala.
A partir de su experiencia como ingeniera agrónoma, técnica en paisajismo y estudiante de un máster en Madrid, mostró cómo el paisajismo puede desplegarse en ámbitos muy distintos sin perder rigurosidad ni sensibilidad proyectual.
En su exposición aparecieron jardines residenciales en Salto, con especies frutales y aromáticas; un centro logístico trabajado junto a Adriana Álvarez, un salón de fiestas donde la vegetación se pensó como lenguaje común entre distintos espacios y entregas académicas de su máster que ampliaron la mirada hacia la escala urbana y territorial, como la transformación de la calle Segovia o la propuesta sobre Plaza Jacinto Benavente.
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Uno de los núcleos más enriquecedores de su intervención fue la redefinición del oficio mismo del paisajista. A este respecto, Serena dijo que no sabía, al comenzar, que el paisajismo era “más que plantar plantas lindas”, y explicó que también implica dirigir equipos, trabajar con presupuestos, tomar decisiones técnicas y resolver problemas concretos en obra.
Esa amplitud de tareas apareció una y otra vez en los casos que mostró: desde escuchar lo que pide un cliente en un jardín productivo hasta pensar cómo se accede con árboles por ascensor en una terraza o cómo se proyecta un espacio público verde a partir de una calle dominada por vehículos.
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LIVAUT: equipo, dirección de obra y aprendizaje compartido
La presentación del estudio LIVAUT, integrado por la Psj. María Gomensoro, el Psj. Joaquín González y la Psj. Valentina Valin amplió esa misma idea desde otro ángulo: el de la construcción de un equipo profesional surgido, en buena medida, de los vínculos cultivados durante la carrera.
En su exposición se definieron como un estudio dedicado al diseño, la dirección de obra y la ejecución de proyectos de paisajismo, y mostraron cómo esa articulación entre perfiles distintos les permitió asumir encargos de creciente complejidad.
Entre los casos presentados estuvieron la chacra Walk the line, en Juanicó, pensada para una familia que buscaba un jardín atravesado por referencias afectivas, especies hospederas y espacios capaces de atraer mariposas; el proyecto en Pueblo Mío, donde el paisaje debió convivir con la fauna local y con la lógica ambiental de un terreno junto al lago; y Montañeses, un techo verde sobre un estacionamiento en Buenos Aires que exigió resolver pesos, impermeabilización, seguridad, presupuesto, logística y dirección de obra a distancia.
Uno de los aportes más valiosos de este bloque fue su insistencia en la documentación como herramienta de trabajo. “La documentación te defiende las ideas”, señalaron en relación con la necesidad de proyectar con precisión, anticipar conflictos y sostener decisiones frente a clientes, empresas y obra.
También insistieron en que el jardín no debería pensarse como un agregado tardío, sino como parte del proyecto desde el inicio, para poder integrar el verde a la implantación, los niveles, los drenajes y la experiencia del espacio.
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ECOESPACIOS: trabajos académicos convertidos en proyectos reales
El estudio ECOESPACIOS, integrado por la Arq. Psj. María Graciela Antognazza y la Psj. Jacqueline Rodríguez, presentó otra posible derivación de la carrera: la de transformar ejercicios, herramientas y metodologías académicas en criterio profesional para abordar encargos reales.
Su exposición comenzó con trabajos de formación de la carrera, entre ellos el proyecto integrador Senderos, en Laguna Garzón, desarrollado a partir de una lectura macro y micro del territorio, y un ejercicio de Taller 2 vinculado a un parklet en Carrasco.
En ambos casos, el foco estuvo menos en la imagen final que en el proceso: entender el lugar, trabajar con zonificaciones, pensar recorridos, traducir conflictos en decisiones constructivas y asumir que el proyecto de paisaje exige método.
A partir de ahí, las expositoras mostraron cómo ese modo de trabajar se trasladó a encargos concretos. Presentaron una casa antigua en San José, donde el proyecto terminó expandiéndose desde el patio exterior hacia la azotea y un patio interior estructurado por el agua; la estructura “Alas de Dieste”, realizada para el Montevideo Shopping en el marco del concurso de paisajismo Mini Patio en el Shopping 2025 (organizado por la carrera, junto a Montevideo Shopping); y trabajos en contextos rurales, entre ellos una estancia en Raigón, San José, pensada con especies nativas, lectura del horizonte, resguardo del viento y una búsqueda explícita de construir “una estancia bien uruguaya”.
También fue particularmente interesante cómo explicaron el pasaje del aula al estudio. En su relato, la asignatura de Marketing en la carrera de Técnico en Paisajismo, no apareció como algo periférico, sino como una herramienta real para pensar el proyecto profesional.
“Nos formamos Ecospacio”, dijeron al recordar cómo un ejercicio académico empezó a funcionar como base de una práctica de trabajo concreta. A eso se sumó otra idea fuerte:
“Antes de proyectar, hay que ‘escuchar’ el lugar, leer el territorio y entender qué pide cada contexto”.
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Paisajismo naturalista y especies nativas en Laguna del Sauce
La Psj. Melissa Yáñez y la Psj. Cecilia Fornero presentaron su proyecto integrador final, desarrollado en un predio de cinco hectáreas en la cuenca de la Laguna del Sauce.

Conceptualmente, fue uno de los bloques más densos del encuentro y uno de los que mejor evidenció cómo la carrera de Técnico en Paisajismo articula lectura ecológica, proyecto y decisión técnica.
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Las expositoras explicaron que, antes de diseñar, realizaron una revisión bibliográfica sobre la cuenca, su relevancia ecológica, la normativa vigente y los problemas actuales del agua vinculados a procesos de eutrofización.
A partir de esa base, defendieron una idea central:
“Toda intervención paisajística tiene impacto ambiental, por lo que los proyectos deben incorporar medidas que sumen a la sustentabilidad y no resten”.
Esa mirada se trasladó luego al análisis del sitio. El equipo estudió topografía, curvas de nivel, escorrentías, cuencas visuales, suelo y vegetación existente, y utilizó herramientas como el taladro holandés para entender condiciones de drenaje.
Desde allí organizaron una propuesta naturalista apoyada en matrices de monte, pastizal y humedal, con recorridos inspirados en la lógica hídrica del terreno, jardines de mariposas, miradores, refugios y un tajamar como punto de contemplación.
Uno de los aportes más potentes del proyecto fue el trabajo con especies nativas y la decisión de implantar núcleos de monte que permitieran luego la expansión por sucesión ecológica.
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A eso se sumó la incorporación de un humedal como filtro biológico para que el agua de escorrentía pudiera ingresar y salir del sistema en mejores condiciones.
Más que una propuesta ornamental, el proyecto se presentó como una forma de diseñar desde la cuenca, la biodiversidad, el recorrido y la sensibilidad ecológica del lugar.
Conocé la carrera de Técnico en Paisajismo
Patrimonio, espacio público y aprendizajes en el MUMI
En el último tramo de la jornada, la Ing. Agr. Florencia Ferrari y la Arq. Micaela Pita, estudiantes avanzadas de la carrera, presentaron su proyecto final de Taller 2, centrado en una propuesta de intervención para el Museo de las Migraciones (MUMI) y el Complejo Cultural Muralla Abierta, en la Ciudad Vieja de Montevideo.

Su trabajo partió de la elección de un sector del predio que identificaron como un espacio “totalmente pelado”, con poco equipamiento, fuerte exposición al sol y un gran potencial para incorporar un área verde en una zona densa de la ciudad. A partir de esa lectura, plantearon un proyecto capaz de complementar las actividades del museo y del complejo cultural, no solo como soporte para eventos puntuales, sino también como lugar de permanencia, encuentro y uso cotidiano.
Uno de los ejes principales de la propuesta fue el valor patrimonial y arqueológico del sitio. Las expositoras señalaron que el predio conserva 60 metros de restos de la muralla histórica de Montevideo, además de huellas físicas de usos posteriores, como estructuras metálicas vinculadas a su etapa industrial. Ese espesor material e histórico funcionó como punto de partida para proyectar.
Sobre esa base, Ferrari y Pita organizaron una propuesta que buscó reforzar la lectura del lugar, hacer más comprensible la relación con la muralla y, al mismo tiempo, incorporar condiciones de accesibilidad universal, convivencia social y diversidad cultural, en línea con la misión del museo.
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El proyecto incluyó un bosque sensorial, juegos pensados desde criterios de inclusión, recorridos con información sobre la muralla, un área de deck multiuso, zonas de descanso y un sector destinado al templado de tambores.
Desde el punto de vista técnico, uno de los mayores condicionantes fue la presencia de roca madre en gran parte del terreno, lo que impedía trabajar con sustratos profundos de forma convencional. Frente a eso, propusieron árboles en macetas grandes, el aprovechamiento de los sectores con relleno y una selección vegetal apoyada en especies espontáneas del lugar y otras elegidas por su resistencia y bajo mantenimiento.
La presentación amplió el alcance de la jornada al mostrar cómo, incluso en etapas tempranas de la formación, la carrera permite abordar proyectos que articulan paisaje, patrimonio, accesibilidad, uso público y lectura histórica del sitio.
En ese sentido, el trabajo de Ferrari y Pita reforzó una de las ideas que atravesó todo el encuentro: El paisajismo no se limita al diseño de jardines, sino que también ofrece herramientas para intervenir en espacios urbanos complejos, cargados de memoria, usos diversos y capas materiales superpuestas.
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Formarse para leer, proyectar y transformar el paisaje
La jornada Ronda de Proyectos de Paisaje dejó ver, con claridad, la diversidad de escalas, enfoques y posibilidades profesionales que hoy atraviesan al paisajismo profesional en Uruguay.
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A cinco años de su creación, la carrera de Técnico en Paisajismo mostró una comunidad en la que la formación académica dialoga de manera constante con la práctica: en el jardín, en la obra, en el espacio público, en el estudio, en el territorio y en los vínculos que siguen activos después del aula.
También dejó en evidencia que el valor de la carrera no se limita a transmitir conocimientos técnicos o criterios de diseño. En las exposiciones aparecieron, una y otra vez, el trabajo en equipo, la lectura atenta del lugar, la importancia de documentar, la necesidad de negociar y sostener ideas en obra y la posibilidad de convertir lo aprendido en proyectos, estudios, colaboraciones y trayectorias profesionales concretas.
En ese sentido, la ronda funcionó como celebración, pero también como afirmación de una manera de entender el paisajismo: una práctica que combina sensibilidad espacial, conocimiento técnico, lectura ecológica y capacidad de transformar problemas reales en propuestas proyectuales.
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Reviví la conferencia completa:
https://www.youtube.com/watch?v=43j22Eqxp6E