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Volver a Corea para especializarse en ciencias de la computación

22/07/2021
Pablo Salazar, graduado de la Licenciatura en Sistemas, obtuvo la beca de postgrado del Programa del Gobierno Coreano Korean Global Scholarship (KGS), mediante la cual realizará una Maestría en Ciencias de la Computación en Korea University.
Pablo Salazar, graduado de Licenciatura en Sistemas

Esta beca se ofrece todos los años y cuenta con dos cupos, uno para pregrado y otro para postgrados maestría o research. Cubre el pasaje de avión, la matrícula completa del curso de coreano y la maestría, el seguro de salud a la vez que dinero para gastos de manutención.

A Salazar le esperan grandes desafíos en estos tres años que durará su estancia en Corea, aunque ya corre con grandes ventajas porque conoce el país y le gusta su cultura. Dice no estar nervioso a pesar de que le faltan menos de 15 días para emprender el viaje.

El primer año de su estadía lo dedicará a estudiar el idioma; "es obligatorio aprobar el Test of Proficiency in Korean (TOPIK), examen oficial de coreano, para estudiar en la universidad. La certificación tiene seis niveles y para la maestría se requiere obtener como mínimo el tres”, explica Salazar.

Durante ese año vivirá en Daegu, la tercera ciudad más grande de Corea, luego se mudará a una ciudad más pequeña, universitaria, que tiene cerca de 50 mil habitantes para cursar la maestría.

Tu vínculo con Corea surge antes de obtener la beca KGS, estuviste en Seúl haciendo un intercambio mientras estudiabas la licenciatura. ¿Cómo fue esa experiencia?

En 2018, en la mitad de mi carrera, tuve ganas de vivir la experiencia de estudiar en el extranjero y me presenté a un intercambio en la universidad. Me interesaba la cultura asiática porque lo veía como algo muy distinto, estudiando las opciones me llamó la atención una universidad en particular, Korea University, parecía un castillo. Cuando me fui no sabía nada del idioma ni de su cultura, estuve cuatro meses, un semestre académico, y me encantó la experiencia. Cuando regresé a Uruguay sabía que quería volver.

¿Qué fue lo que más te gustó?

Muchas cosas, la cultura, la comida, el idioma, la gente, al ser un país tan diferente al nuestro te cambia la cabeza, te permite tener otra perspectiva.

¿Tenías conocimiento del idioma?

No, empecé a estudiar cuando llegué a Corea, fue ahí que tuve mi primer acercamiento al idioma, aunque en la universidad hablaba inglés. Cuando volví a Uruguay continué estudiando en el Instituto Rey Sejong, ubicado en la universidad.

¿Cómo fue la postulación a la beca Global Korea Scholarship?

Fue un proceso largo y bastante engorroso. Recomiendo a todos lo que se quieran presentar lo hagan con tiempo. Para la selección hay, lo que ellos llaman, tres rounds, el primero es la entrevista en la embajada que es en inglés, aunque el idioma no es requisito obligatorio, el segundo es la corroboración de que todos los documentos que presentaste están correctos y el tercero es la aceptación por parte de la universidad.

Una parte muy importante es la carta de presentación, una carta en la que tenés que contar tus motivaciones, por qué elegís Corea para ir a estudiar. Esta parte es muy personal, yo hice hincapié en mi experiencia previa, en que me encantaba su cultura, su gente y en que Corea es un destino coherente con mi carrera porque es un país tecnológicamente muy avanzado. Además, es un país que apuesta a la economía circular y al reciclaje, tema que me interesa y sobre el que trabajé en mi proyecto final.

Beca de postgrado para estudiar en Corea

El proyecto final de Salazar, junto a tres compañeros de carrera y tutoreado por la Dra. Helena Garbarino, fue una aplicación para potenciar el uso de contenedores de reciclaje de aceite de uso doméstico que hay a lo largo de Canelones.

“Nosotros creamos una aplicación en la que el usuario escaneaba el código QR que estaba en el contenedor y, al depositar las botellas de aceite, recibían crédito, que podían gastar o consumir en comercios adheridos al Sello Ambiental Canario”.

De esta forma se lograban dos cosas, fomentar las acciones verdes y la economía circular. El sistema fue desarrollado con la tecnología blockchain, lo que permite mayor transparencia, contabilidad y la posibilidad de vincular e intercambiar los créditos verdes con otro tipo de entidades (como por ejemplo, taxis eléctricos, lámparas led o productos orgánicos). Para el desarrollo del proyecto trabajaron junto a la Intendencia de Canelones, ALUR y ICT4V.