
Formar para un futuro profesional cada vez más difícil de anticipar es, para el Dr. Lucas Grosman, uno de los principales desafíos de las universidades. El rector de la Universidad de San Andrés, Argentina, sostuvo que el avance acelerado de la tecnología —con la inteligencia artificial como uno de sus principales exponentes— obliga a revisar modelos educativos y a poner el foco en capacidades que permitan actuar frente a la incertidumbre.
Grosman visitó la Universidad ORT Uruguay el martes 18 de agosto, en el marco de la firma de un acuerdo de cooperación académica entre ambas instituciones. Durante su paso por Montevideo, reflexionó sobre las transformaciones que atraviesa la educación superior y el papel que deberían asumir las universidades ante cambios tecnológicos que ya están modificando las profesiones.
“Hoy el gran desafío es cómo formar a nuestros estudiantes para ocupaciones que hoy no existen o que van a ser muy diferentes a las que existen”, afirmó. Para Grosman, la dificultad no radica únicamente en la velocidad del desarrollo tecnológico, sino también en la incertidumbre sobre sus consecuencias.
Más allá de los contenidos
Ese escenario, según Grosman, vuelve necesario revisar un modelo de enseñanza centrado principalmente en la incorporación y repetición de contenidos.
“Hay cierto modelo más asociado a los contenidos, a la repetición memorística, que es un modelo que probablemente era obsoleto ya hace muchos años, pero que hoy es francamente ridículo”, sostuvo.
Frente a ello, planteó la necesidad de buscar nuevos paradigmas educativos.

Entre las capacidades que considera fundamentales, mencionó el pensamiento crítico y la metacognición, que definió como la posibilidad de ser consciente “de lo que sé y de lo que no sé”. A estas sumó el pensamiento interdisciplinario, necesario para comprender la realidad desde diferentes perspectivas.
La transformación que describe no supone restar importancia al conocimiento. Por el contrario, Grosman considera que contar con una base sólida resulta especialmente relevante en un contexto en el que herramientas de inteligencia artificial pueden producir respuestas de manera inmediata.
Pensamiento crítico e IA
La relación entre conocimiento e inteligencia artificial ocupa un lugar central en su planteo. Para Grosman, el desafío educativo no consiste en rechazar estas herramientas, sino en desarrollar las capacidades necesarias para utilizarlas de manera crítica y aprovechar su potencial.
“Cuando uno tiene una base sólida, si monto a la IA sobre esa base, puedo obtener resultados fantásticos”, afirmó.
Ese uso exige, al mismo tiempo, reconocer las limitaciones de la tecnología. Grosman señaló el problema de las “alucinaciones” de los sistemas de inteligencia artificial; es decir, la generación de información incorrecta presentada como si fuera válida. Por eso, entiende que la formación debe permitir evaluar críticamente las respuestas obtenidas y distinguir cuándo pueden ser aprovechadas y cuándo deben ser cuestionadas.

“Lograr ese equilibrio, no dejarme engañar por las alucinaciones, por un lado, pero sí permitir o fomentar que la IA potencie mi trabajo; si uno logra ese equilibrio, ahí está la clave”, explicó.
Desde esta perspectiva, pensamiento crítico y conocimiento disciplinar no pierden relevancia ante la automatización. Se convierten, por el contrario, en condiciones para interactuar de manera productiva con ella.
Ser parte del cambio
Grosman llevó el planteo un paso más allá al señalar que la educación universitaria no debería limitarse a preparar a las personas para adaptarse a transformaciones concebidas por otros.
Además del pensamiento crítico, la metacognición y la interdisciplinariedad, destacó la necesidad de fomentar un “chip innovador” que impulse a anticiparse a los cambios y participar activamente en ellos.

“Obviamente no puedo adivinar el futuro, pero sí puedo predecirlo mejor si estoy parado en el lugar correcto y si me estoy proponiendo ser un artífice de ese cambio y no solamente un receptor pasivo de modificaciones que tendrán lugar en algún otro lugar”, sostuvo.
Para el rector de la Universidad de San Andrés, esa actitud determina también la manera en que las universidades pueden posicionarse frente al desarrollo tecnológico.
El objetivo no debería ser observar sus efectos desde afuera, sino comprenderlos y utilizar la tecnología para ampliar las capacidades de las personas.
“Si sabemos aprovechar la tecnología para que nos potencie, no solamente como agentes pasivos frente a ella, vamos a estar mucho mejor parados y vamos a poder aprovechar plenamente los frutos de ese desarrollo”, afirmó.
Una educación con perspectiva regional
La transformación de las profesiones también plantea, según Grosman, la necesidad de ampliar las perspectivas con las que se desarrolla la formación universitaria.
El rector sostuvo que la educación tiene una dimensión cada vez más global y que las experiencias capaces de trascender el país de residencia enriquecen la formación. En ese marco ubicó el potencial de la cooperación entre universidades de distintos países.
“Cada vez más la educación está globalizada y, por ende, tener esta perspectiva que trascienda el país en el que uno reside siempre enriquece la experiencia educativa”, señaló.
Para Grosman, la complementariedad entre instituciones permite sumar perspectivas y capacidades diferentes manteniendo sus estándares académicos. En el caso de la Universidad ORT Uruguay, destacó su perfil tecnológico, su actitud emprendedora y su trayectoria en el desarrollo de propuestas innovadoras.

Su planteo conecta así dos desafíos de la educación superior contemporánea: formar para un escenario tecnológico que cambia con rapidez y hacerlo desde una perspectiva que permita comprender realidades que ya no se agotan dentro de las fronteras nacionales.
En ese contexto, la capacidad de aprender, cuestionar, integrar conocimientos y utilizar críticamente las nuevas tecnologías aparece, para Grosman, como una parte central de la formación universitaria frente a un futuro que no puede anticiparse por completo.