Libro La niña que miraba los trenes partir - Ruperto Long - Charlotte de Grünberg

La niña que miraba los trenes partir

La novela La niña que miraba los trenes partir, escrita por Ruperto Long, retrata cuatro historias, una de ellas sobre la vida de Charlotte, una niña belga de ocho años que huye de los perseguidores junto a su familia y pasa por diversas peripecias.

  •             https://www.youtube.com/watch?v=g19IYaSDI2o
            

La niña que miraba los trenes partir - De Ruperto LongPresentación del libro

Autor: Ing. Ruperto Long

El autor conoció a la protagonista, la Prof. Charlotte de Grünberg, directora general de la Universidad ORT Uruguay, en una recepción de dicha universidad y establecieron una breve charla donde ella le dio algunas pinceladas de su vida.

Esto lo inspiró para crear una historia donde se contrasta lo sucedido durante la II Guerra Mundial con la actualidad, que invita a los lectores a reflexionar y tomar conciencia.

En el libro, la vida de Charlotte se entrelaza con la de Domingo López Delgado, un soldado uruguayo que había ido a la guerra a luchar como voluntario, así como con la de otros personajes reales y ficticios. Al final se presenta una síntesis donde se cuenta el destino de aquellas personas reales que aparecen en el libro.

La presentación se realizó el jueves 7 de abril de 2016 en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís , y el principal orador fue el escritor uruguayo Hugo Burel, quien hizo referencia explícita a que la persecución a los judíos sigue hasta el presente, poniendo el ejemplo del empresario David Fremd, comparando a Hitler con el ISIS.

“Otro de los méritos de la obra es oficiar como espejo implacable que refleja el pasado para advertirnos sobre el presente. Ayer fue Hitler. Hoy es el ISIS y su insania que amenaza a todo aquel que piensa diferente a su desvarío político religioso”, agregó.

Se presentó un book trailer de la novela, y para finalizar Alberto Magnone y Lea Ben Sasson interpretaron tres temas, Jerusalén de oroEl árbol de eucalipto y Libertango (este último con el recitado de Horacio Ferrer).

Hasta el Teatro Solís llegaron la embajadora de Israel, Nina Ben-Ami; el rector de la Universidad ORT Uruguay, Jorge Grünberg (hijo de Charlotte); el rector de la Universidad Católica, Eduardo Casarotti; los expresidentes Luis Alberto Lacalle y Julio María Sanguinetti; los senadores nacionalistas Luis Alberto Lacalle Pou y Luis Alberto Heber; el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro; así como también otras autoridades de la Universidad ORT Uruguay.

"Historias que no pierden vigencia". Revista Galería de Búsqueda - 14 de abril de 2016: Páginas 36 y 37.

El libro está traducido al italiano y al rumano, y en proceso de traducción al hebreo.

Premio Libro de Oro 2016

En la categoría Ficción de Autor Nacional, entregado por la Cámara Uruguaya del Libro.

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    Evento de lanzamiento

    Sala Delmira Agustini, Teatro Solís
    Montevideo, Uruguay
    7 de abril de 2016

    Penguin Random House organizó el 7 de abril de 2016 la presentación del libro La niña que miraba los trenes partir del Ing. Ruperto Long, del cual una de las protagonistas, la niña del título, es la Prof. Charlotte de Grünberg, directora general de la Universidad ORT Uruguay. La obra brinda testimonio de una etapa de su niñez en la Francia ocupada por los nazis. El evento tuvo lugar en la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís.

    El escritor Hugo Burel realizó una reseña del libro y a continuación hicieron uso de la palabra el autor, quien se refirió al proceso que lo llevó a escribir esta "novela de no ficción" y la Prof. Grünberg, quien expuso acerca de cómo esos años de barbarie afectaron tantos millones de vidas, entre ellas la suya propia y las de su familia.

    El cierre del evento contó con la participación de la cantante Lea Bensasson y el músico Alberto Magnone.

  • Transcripción del discurso de la Prof. Charlotte de Grünberg


    Soy la niña que miraba los trenes partir hace más de 70 años.

    En el año 1947 el escritor, antropólogo y pensador francés Georges Bataille dijo que “Auschwitz es la obra y el signo del hombre. La imagen del hombre es de aquí en más inseparable de la de una cámara de gas”.

    En 1939 una adolescente judía austríaca que había logrado huir de su país, encontró refugio en nuestra casa en la ciudad de Lieja, en Bélgica, hasta la invasión que sufrió el país.

    Por sus relatos, ya teníamos una idea de lo que los judíos podíamos esperar y de lo que pronto sobrevendría.

    Ocupada Bélgica en mayo de 1940, y frente a la necesidad de escapar del nuevo orden establecido y sus persecuciones en particular a los judíos, buscamos refugio en la zona del sur de Francia ocupada por los italianos, que parecía ser la opción más lógica (por cercanía), la misma lengua y la ilusión de vivir en un área todavía libre de la ocupación alemana.

    Es difícil imaginar lo que significa ser sentenciado repentinamente a la pérdida de pertenencia a un territorio nacional propio, la ruptura violenta con todas las costumbres que habitualmente permean una “vida normal”.

    La muerte civil.

    El miedo permanente.

    Convertirse en un objeto fatalmente descartable y sin nombre propio.

    Sin amigos.

    Sin testigos de una vida anterior.

    Es escalofriante la sensación de no tener un lugar accesible en el planeta, ni espacio adonde ir con derecho a quedarse. Un gueto sin muros, se podría decir, acechado en todo momento por razias de la Gestapo, de los colaboracionistas locales, de las denuncias.

    ¿Cómo se adapta un niño a la pérdida repentina de todos sus referentes? Tener que transformarse imprevistamente ni siquiera en otra persona, sino en una “no persona” opaca, buscando el anonimato y la invisibilidad como la única manera de protegerse del mal.

    Nuestro exilio se prolongó por más de 1000 días y sus noches, recorriendo gran parte de Francia. Vi pasar muchos trenes hacia su macabro destino final, mientras las razias se sucedían a toda hora.

    Hace 70 años los Juicios de Núremberg, primeros en su tipo, investigaron los crímenes de la II Guerra Mundial y el Holocausto Judío. El saldo del conflicto bélico fue de más de 60 millones de personas fallecidas, incluyendo seis millones de judíos y otras minorías, además de la devastación de gran parte de Europa.

    Los resultados del juicio fueron impresionantes. Y su impacto sobre la ley internacional, indudable. Lamentablemente, ni las leyes de los tribunales internacionales ni las que fueron promulgadas a lo largo de los años y conforman un corpus en permanente crecimiento, han logrado disuadir el ejercicio de la violencia indiscriminada a nivel global.

    ¿Acaso la vida no es un valor fundamental a defender del terror que indiscriminadamente mata y somete?

    Frente a todo lo que sucede diariamente, pregunto: ¿Cómo no se logró todavía transformar lo que sucede en una realidad pedagógica

    ¿Es que nada hemos aprendido?

Imágenes del lanzamiento

Presentación del libro del Ing. Ruperto Long - Abril de 2016

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